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Las monjas y el Camino de Santiago

 

Nosotras, las monjas de este monasterio benedictino, tenemos un albergue donde acogemos a peregrinos que van hacia Santiago.

El Camino de Santiago es un “camino”, un viaje. Un camino físico pero que nos debería remitir a otro tipo de camino que tiene en cuenta a todo el hombre y que lo arrastra hacia su plenitud.

Eso es lo que queremos ofrecer a los peregrinos, un espacio, una oportunidad para descubrir su interioridad, eso que está dentro, que es lo más auténtico suyo y que está dormido, encarcelado, apagado… por lo externo y accidental.

Y le pedimos: “Señor que se despierte siempre nuestra alma, nuestro corazón dormido. Que el tiempo de la vida se nos va ligero, que no pase sin sentido este gran don de la vida que tenemos.

El Camino de Santiago es una alegoría del itinerario vital e interior que  todo ser humano debe recorrer. Todos somos peregrinos en el proceso de llegar a ser lo que tenemos que ser, llegar a nuestra plenitud.

Una de los frutos principales de este viaje interior es el conocimiento de uno mismo, que brota de la experiencia personal y es integral. Desde este conocimiento podemos acercarnos mejor al Misterio de Dios.

Esto es muy contrario al hombre actual  que aparece como un ser angustiado y temeroso de cualquier atadura y a quien sólo la velocidad y el aumento de contactos externos parece ofrecerle seguridad. Hombre completamente exteriorizado.

Pero el ser humano ha de saber unir en su vida el cielo y la tierra.                           

El conocimiento de nuestras sombras y luces, si está hecho desde Dios, lleva siempre a una mirada serena, comprensiva, llena de aceptación y misericordia hacia uno mismo y hacia los demás. Y esa mirada es curativa, da la serenidad a la persona, la paz, la ilusión, la esperanza.

Todo ser humano que comienza este camino interior lo hace con un anhelo insaciable de “un hogar”. Necesita ir lo menos cargado posible, quedarse con lo mínimo imprescindible. Habrá en su camino sorpresas que le agraden y también dificultades; pero son precisamente todas las circunstancias del camino las que le van haciendo enfrentarse a sí mismo y conocerse.

 

 Cuando se dice “Camino de Santiago” no deberíamos pensar solamente en los peregrinos, sino también en los que los acogen: los voluntarios, los hospitaleros.

Los hospitaleros son voluntarios que vienen, normalmente para quince días, a hacer el servicio de acogida a los peregrinos. Gracias a ellos pueden funcionar los albergues, y de ellos depende en buen grado, qué impresión se llevan los peregrinos.

Nuestro Albergue es un albergue especial: forma parte de nuestro Monasterio benedictino. Por eso nos gusta que los hospitaleros inviten a los peregrinos a participar en la Liturgia con la Comunidad (sobre todo en la Eucaristía con vísperas y las Completas), que de alguna manera despierten en ellos la dimensión espiritual, que está muchas veces apagada, y que les lleven al encuentro con Jesús. No se trata de dar sermones, sino más bien de transmitir su experiencia, de vivir de tal modo el Evangelio que atraiga e interrogue a los demás.

 

Miguel, uno de nuestros hospitaleros que lleva viniendo muchos años comparte su experiencia:

“Lo que más me gusta en el servicio como hospitalero es ser útil, servir a los demás. Y siempre bajo un signo religioso. Intento transmitir un poco la imagen de católicos que somos y es lo que les queda a los peregrinos, la alegría de verse amparados por los católicos y por Dios. Sobre todo ahora, que atacan tanto a la Iglesia. En la vida se recibe, pero también hay que dar un poco.”

A Francesco de Italia el voluntariado le aporta muchas cosas. Dice: “He hecho muchas peregrinaciones y he recibido mucho de los hospitaleros y de otros peregrinos. Ahora quiero “devolver” lo que he recibido.

Lo más bonito es la sonrisa del peregrino: cuando por la mañana el peregrino se va, y me dice con una sonrisa que se alegra de haberse quedado en este albergue, es para mí el mejor reconocimiento.”

Francisco, un hospitalero-veterano que lleva la acogida a los peregrinos en la sangre:

 “Me gusta la convivencia con los peregrinos porque me siento al mismo tiempo compañero de ellos ya que he hecho el Camino muchas veces.

Este voluntariado me recuerda mi infancia porque mi padre acogía a los peregrinos en nuestra casa. Recuerdo que me llamaba diciendo: “Nene, ven aquí que viene un loco con la mochila.” Compartíamos con los peregrinos la cena, tal como se hace en algunos albergues…

También me siento orgulloso de que tengamos el Camino en nuestro país y me gusta contribuir a guardar este patrimonio. Y me gusta colaborar con la Iglesia.

En definitiva, el Camino contiene muchas cosas que son importantes para mí…”

 

El Camino de Santiago enriquece tanto a los que peregrinan a la tumba del Apóstol Santiago, como a los que los reciben. En el peregrino se recibe al mismo Cristo como nos dice San Benito en la Regla (cap. 53).

Si queréis obtener más información sobre el servicio de hospitalero, podéis escribir a nuestro correo: acogidacristianaleon@gmail.com.

 

  

¿Tienes experiencia con el Camino de Santiago - como peregrino o como hospitalero? ¡Compártela con nosotros! 



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