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CELEBRACIÓN DE MIS BODAS DE PLATA

El pasado 24 de febrero celebré las bodas de plata de mi profesión monástica. Estaba muy emocionada. El sentimiento que más afloraba en mí era el de agradecimiento.

 

Deseaba, ante todo, proclamar la grandeza del Señor, su poder al conseguir sacar adelante mi vocación. Cuando uno inicia un camino vocacional, suelen ser pocos los que confían en que termine bien. Pero los planes de Dios se han cumplido en mí y yo le doy gracias.

 

Quise que todo fuera lo más sencillo posible para que “lo externo” no robara espacio y energía a lo interior, a lo profundo del corazón, donde quería que tuviera lugar la verdadera fiesta. Mi familia y la comunidad como principales testigos de mi alegría.

 

Me doy cuenta que hay diferentes maneras de celebrar estos acontecimientos importantes. Unas personas expresan su alegría, que les desborda, con palabras, gestos, acciones, amistades… otras más bien callando, como una especial incapacidad para decir y decirse, desbordamiento en el que se enmudece de tanto como uno tiene y quiere expresar. Me identifico más con este segundo tipo y la mirada silenciosa y  llena de estupor con respecto a estos 25 años de vida monástica es lo que mantiene mi alegría y esperanza.

Ernestina Álvarez Tejerina 


Tal como se celebra el santo o el cumpleaños, en el Monasterio recordamos también las fechas significantes en nuestro recorrido por la vida monástica: la entrada al Monasterio, la toma de hábito y sobre todo las profesiones temporal y solemne.

El aniversario de la Profesión temporal en para nosotras un poco como el aniversario de boda para los matrimonios. Es el día de nuestra consagración a Dios y día en que entramos a formar parte “oficial” de la Comunidad.

San Benito es el primero en Occidente en describir el rito de la consagración. En el capítulo 58 de su Regla lo describe así: “El que va a ser admitido, en el oratorio, delante de todos, prometa unirse a la comunidad, comportarse como monje y ser obediente, ante Dios y sus santos […]. De lo que ha prometido hará una cédula de petición en nombre de los santos cuyas reliquias se encuentran allí y del abad que está presente. Esta cédula de petición la escribirá de su mano […] y la depositará sobre el altar. Una vez la haya depositado, empezará enseguida el mismo novicio este verso: <Recíbeme, Señor, según tu palabra y viviré, y no permitas que vea frustrada mi esperanza>. Toda la comunidad repetirá tres veces este verso, añadiendo el Gloria al Padre. Entonces el hermano novicio se postrará a los pies de cada uno para que oren por él, y ya desde ese día se le considerará de la comunidad.”

Nosotras hacemos la Profesión temporal por tres años (el tiempo se puede prorrogar). Prometemos estabilidad, conversión de nuestras costumbres y obediencia, que son los votos propiamente monásticos.



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Comentarios: 1
  • #1

    Luz Stella Sánchez (lunes, 05 marzo 2018 11:40)

    Me uno en gozo por la celebración de sus 25 años hermana Ernestina.
    Nuestro SEÑOR continúe obrando en su vida.
    Un abrazo y mis humildes oraciones desde Brisbane Australia ��❤️��