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¿PARA QUÉ SIRVE UN MONJE?

¿Para qué sirvo?

Para nada.

Cuando le comenté a una amiga que ingresaba en un monasterio de Vida Contemplativa para ser monja, ella, que no era creyente, quedó pensativa y me preguntó: “¿Y para qué sirve una monja? Y,  tras una breve pausa, se contestó a sí misma: “para nada”

 

El escándalo de la vida monástica para nuestra sociedad actual es que el monje no produce nada, no realiza nada concreto, y su vida parece completamente inútil.

 

Querría presentar, muy brevemente, a San Benito para que se pueda comprender nuestro carisma.

Nace en el s V en Nursia, Italia, cuando el imperio romano está en plena decadencia, con un caos tremendo y se desmorona bajo el poder de los bárbaros. Todo es ruina: material, moral y espiritual.

En ese contexto, se alzan muchas voces que salen a predicar, luchar, denunciar… Benito, cuando apenas tiene 17 ó18 años, se retira al desierto, a la soledad de Subiaco.

Este apartarse del mundo no le lleva a desentenderse de él. Simplemente sigue un camino totalmente diferente. Se dio cuenta de que para solucionar los problemas de su tiempo eran necesarios ciertamente instrumentos políticos, económicos, jurídicos... pero era imprescindible, sobre todo, una renovación espiritual que fuera nueva savia vital para el hombre y se dedica a pedir esto a Dios para toda la humanidad.

 

San Benito, recogiendo toda la tradición monástica, presenta al monje como un hombre o mujer sencillos cuya única misión es buscar a Dios, llegar a una profunda unión con él en el silencio y la soledad. La esencia de la vida monástica es la intimidad con Dios que brota del amor.

 

Para realizar este ideal, ingresa en una escuela del servicio divino, (Prol 45) o un taller del arte espiritual (RB 4). La oración es la principal asignatura que debe aprobar el monje a lo largo de su vida, su principal misión.

 

Nuestra misión de cara a Dios: La alabanza y la intercesión y la realizamos mediante la celebración litúrgica ejecutada con la máxima solicitud y belleza y a la que deseamos incorporar a todos los hombres.

 

Misión del monje de cara a los otros hombres:

Acogerlos. La acogida del huésped “como a Cristo en persona” es la forma más concreta de hacernos cercanos a todo el dolor humano. Los monjes no pasamos de largo. Nuestros monasterios son lugares de encuentro, de sanación, de escucha, de atención a las pobrezas tanto materiales como espirituales de nuestro mundo.

 

Ser un recordatorio: ¿De qué?

La vocación monástica tipifica la llamada de todo hombre a la unión con Dios,  representa este aspecto del ser humano profundamente arraigado en su naturaleza.

Deberíamos ser como un constante recordatorio de la primacía de Dios en todo, como una especie de alarma, despertador.

 

Por ejemplo, una persona llega a su lugar de trabajo cada mañana y se encuentra con muchas tareas pendientes. Para organizar su jornada coge un papel y anota todo  lo que tiene que hacer y va tachando a medida que  lo realiza y así se asegura de no olvidar nada.

En ese momento levanta la vista y ve la estampa de un monje rezando y recuerda que también tiene que dar un espacio grande a la oración en su tiempo.

 

No somos monjes por lo que nos diferencia de los demás consagrados y mucho menos aún el sentirnos mejores que nadie. Somos monjes para mantener encendido en el corazón de cada hombre el deseo de Dios.

 

RESUMEN

Monje es una persona que busca ante todo el encuentro con Dios y que nada impida su oración constante. Tiene la intuición de que esa forma de vida realizada en una comunidad de hermanos, es fecunda para toda la humanidad como fuente primera de transformación  cósmica.

(sor Ernestina Alvarez Tejerina)



¿Qué más te llama atención en esta reflexión sobre la vida monástica? ¿Te atrae este estilo de vida? ¡Comparte con nosotros!


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Comentarios: 1
  • #1

    Maria Dolores (lunes, 27 agosto 2018 23:14)

    Los monjes y monjas interceden por un mundo mejor, sin ellos nos cubrirían las nieblas. Son el rayo de luz que nos unen al Padre.