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LAS MONJAS Y LA LITURGIA DE LAS HORAS

Una de las características más importantes del carisma benedictino es la celebración de la Liturgia de las Horas. San Benito nos dice en la Regla que no antepongamos nada al Oficio Divino. Por eso, todas nuestras actividades están distribuidas a lo largo de la jornada en función de la liturgia. Nos reunimos en el coro siete veces al día para este servicio de alabanza en el que se actualiza el misterio pascual y que realizamos en unión con toda la Iglesia. El objetivo del Oficio Divino es la glorificación de Dios y la santificación del hombre.

Nuestro coro está entre el presbiterio y entre los bancos para el pueblo. Esto también tiene su significado: somos como un puente entre la humanidad y Dios – hablamos a Dios de la gente y a la gente de Dios.

Aquí tenemos dos testimonios de nuestras hermanas sobre cómo viven la liturgia:


¿Qué supone para mí la celebración de la Liturgia de las Horas? Ante todo es la oportunidad de vivir y expresar lo principal de mi carisma monástico: la “solicitud” por el oficio divino, al cual “no debo anteponer nada” según la regla que profesé.

En la celebración litúrgica tengo la posibilidad de un grandioso encuentro con el Misterio de Dios  principalmente a través de su Palabra hecha carne en los salmos y lecturas bíblicas.

Cada salmo es un buen amigo mío. Ya nos conocemos desde hace muchos años y tenemos muy buena relación. Cuando empiezo una celebración litúrgica lo primero que hago es trasladarme a la Jerusalén del cielo donde una multitud ingente de ángeles y santos alaban constantemente al Señor y yo me uno a ellos.

Luego hago un acto de renuncia a mi persona y personalidad para acoger la del salmista, al que voy a  representar. Puede ser a mi amigo el número 22 y digo en voz bien alta y con entusiasmo: “El Señor es mi Pastor, nada me fala”. Puede ser mi amigo el número 26 al que tengo que dar vida: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”

Puedo concluir diciendo que para mí que la posibilidad de celebrar el Oficio Divino con mi comunidad constituye el mayor motivo de alegría y acción de gracias a Dios que me sucede cada día porque es lo que produce mi encuentro constante con el Señor, lo que sostiene mi vida.


La Liturgia de las Horas es tan importante en mi vida que cuando estoy en ella, me encuentro tan feliz como el pez en el agua. A lo largo de la jornada monástica, salpicada por las distintas horas de la plegaria, intento que los días de mi vida se desgranen en la oración y alabanza cantando las maravillas de nuestro Padre – Dios en nombre de toda la Iglesia, de toda la humanidad y de todo el universo. Con el paso del tiempo voy descubriendo que los textos sagrados, la Palabra de Dios, van actuando en mi vida y la van transformando para que sea verdaderamente una alabanza de gloria, y decir con los salmos:

¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

¡Alabad al Señor todas las naciones!

¡Alabad al Señor en su templo!

¡Alabad al Señor, que la música es buena!

¡Cantad al Señor un cántico nuevo!


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Comentarios: 2
  • #1

    Haydée (lunes, 04 junio 2018 19:11)

    Para mi es un recogimiento muy especial rezar "La liturgia de las horas"�!

  • #2

    Jocinete Manhães da Silva (martes, 12 junio 2018 02:15)

    11/06/2018