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FUERZA REPARADORA DE LA ORACIÓN

Hemos visto que San Benito abandonó sus estudios en Roma y se retiró con su nodriza a un lugar llamado Affile porque deseaba agradar solo a Dios.

 

Para poder trabajar, la nodriza pide prestado a sus vecinas una criba que se le rompe por casualidad. Cuando lo ve, empieza a llorar desconsoladamente. Y dice san Gregorio: “Pero Benito, joven religioso y compasivo, viendo llorar a su nodriza, compadecido de su dolor, llevando consigo los dos pedazos de la criba rota, dióse a la oración con lágrimas; y al levantarse encontró junto a él el recipiente tan entero, que no hubiera podido notarse en él señal alguna de rotura”.

 

¿Qué enseñanza podemos sacar de este episodio?

Con la oración se repara, se arregla todo lo roto durante el día. Se nos rompe la vida porque estamos dispersos con muchas cosas.

Por eso los monjes vamos a rezar siete veces al día…                     

¡Que utilicemos nuestros encuentros con el Señor para arreglar nuestros desbarros!

Y tú, ¿tienes experiencia con una oración que te ayude a poner en orden las cosas? ¡Compártela con nosotros!


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