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TENTACIÓN DE LA CARNE

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San Benito, tras estar tres años en la cueva de Subiaco de ermitaño, la gente empieza a ir a él como maestro, como director espiritual. Ocurre aquí una tentación.

 

Entre todas estas personas que iban a verle había una mujer. Se enamora de ella. Está a punto de dejar la vida monástica e irse con esta mujer. Pero “tocado súbitamente por la gracia divina, volvió en sí; se echó sobre ortigas y zarzas y, por las heridas de la piel del cuerpo, curó la herida del alma. Después de esto, muchos dejaron el mundo para ponerse bajo su dirección porque fue tenido  con toda razón maestro espiritual” (San Gregorio, Diálogos).

 

Todo hombre en su vida se encuentra con algo que le intenta desviar de su camino. Nos hace estar fuera de nosotros mismos, dominados por estos estímulos. Dice San Gregorio: “tocado de la gracia divina” lo que nos lleva a pensar que no es cuestión de fuerza, sino de gracia.

 

Benito queda libre del dominio externo de esta mujer, de los sentidos; y, al interiorizarse (este echarse en las zarzas y el dolor que le produjo, la picadura) asume el dolor que le supone la renuncia a la mujer; asume este dolor que, a veces, supone seguir el camino del bien. Elige la verdad, la verdad de su vida: el camino monástico.

 

Al superar estos instintos no los reprime, sino que los ordena hacia el fin principal de su vida. No reprime su sexualidad, sino que la integra de forma jerárquica y eso le hace salir nuevo. Dicen que aquí tuvo una gran transformación San Benito: mejora su relación con Dios y le da una gran ternura para su relación con los demás. Fue un hombre libre.

 

¡Ánimo!! a jerarquizar nuestros instintos, nuestros deseos…: todo en función de nuestra vocación en la  vida donde Dios nos hace plenamente felices.


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