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RESTAURAR LO ROTO

San Gregorio nos cuenta que en una ocasión se acercó al monasterio un godo pobre de espíritu, que quería hacerse monje. Y el hombre de Dios Benito lo recibió con sumo gusto. San Benito acoge a este hombre diferente del resto (era godo y no romano, y además poco inteligente), le abre completamente el monasterio y le da la posibilidad de ser monje: no hace distinción de listos y tontos, de los de “mi pandilla”, sino que acoge a todo el mundo.

 

Resulta que este godo se pone a trabajar con una herramienta, y, cortando unos matorrales, se le desprende el hierro del mango y cae al lago. El godo se pone muy triste y corre a confesar al monje Mauro que ha roto la herramienta. Al enterarse Benito, lo consuela, le devuelve la herramienta totalmente restaurada y le dice: “Trabaja y no estés triste”. Es decir, san Benito no sólo le acoge, sino que continúa acompañando su vida y cada vez que se rompe esta vida o pierde su sentido, le proporciona instrumentos para seguir adelante y no estar triste.

 

Qué bonito también para nosotros, cuando nuestros hijos, nuestros matrimonios, nuestras relaciones comunitarias se vuelven a romper, a perder, pues restaurarlos: ofrecer a nosotros mismos y a los demás los instrumentos para seguir caminando y no estar tristes. Tenemos que ser ingeniosos, creativos para descubrir en cada momento cuáles son estos instrumentos que podemos entregarnos y entregar a los demás para seguir restaurando, recuperando nuestra alegría de vivir.  


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