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SOR TERESA, EJEMPLO DE MONJA BENEDICTINA

Hoy recordamos a todos los difuntos. En nuestra Comunidad tenemos especialmente presente a sor Teresa que falleció justamente hace siete días. Con sus 99 años de edad y 79 años de vida monástica era un ejemplo para todas nosotras, su vida discreta pero intensa y fecunda nos anima en nuestro caminar por la vida monástica.

Sor Ernestina comparte con nosotros sus recuerdos de sor Teresa que nos pueden servir a todos de estímulo para nuestra vida cristiana.

 

Sor Teresa encarnó lo que es una monja benedictina. ¿Qué amó? Por los hechos concretos de su vida podemos decir que amó la Sagrada Escritura, el Oficio divino, su Comunidad, la discreción y todo ello le llevó a una vida de profunda armonía y alegría.

 

Respuesta a la llamada: Un “sí” generoso y valiente

 A los veinte años, viviendo en un pueblo cerca de León, escuchó una llamada y dijo un “sí” que ha mantenido ochenta años. Un “sí” que cada día se ha renovado en esa fidelidad al amor de Dios. Ha sido un “sí” en crescendo.

Nos parece que antes no se dejaban tantas cosas pero ¡qué va!, se dejaba mucho más. Ahora vivimos más despegados, más superficiales… Ella, con todo amor por su familia, su pueblo, se vino tan jovencita al Monasterio. Además antes las condiciones de los monasterios eran muy diferentes que las de ahora. Las situaciones de penuria, de pobreza, de austeridad, de separación…

Además coincidió con una época en que nuestros monasterios de “vida monástica” se habían confundido con otros tipos de vida de monjas contemplativas puras y la forma de vida no era la pura monástica. Pero a ella no le echó para atrás nada. Dijo “sí”.

¿Qué experimentarías, sor Teresa, en aquel momento, con tus veinte años? Qué amor tan grande de Dios para poder decirle “sí”, y sin marcha atrás. Antes no se hacían experiencias como ahora, para ver si me gusta, si me cae bien, si todo sale como yo había previsto. Antes las hermanas entraban y entraban, era un paso importante, decisivo, y éste lo dio sor Teresa.

                       

El Oficio divino: “No anteponer nada al Oficio divino”

Cuando empecé a atenderla porque ya era mayorcita (tenía 90 años), cada mañana, al tocar la campana a las seis para despertarnos, bajaba a  llamar a su puerta para ver si me necesitaba y para preguntar cómo había pasado la noche. Ella siempre estaba ya levantada para llegar a tiempo al Oficio divino, asomaba la cabeza desde el baño y me decía “¡Bien!” y yo ya subía tranquila.

Un día de invierno se asomó como siempre sonriente y me dijo: “Qué mala noche he pasado, tengo un catarro muy fuerte, pasé un frío tremendo”. Yo le dije: “Sor Teresa, pues quédese en la cama”. Y me responde casi como enfadada: “¿Pero tú te crees que por no haber dormido, porque esté acatarrada y porque haga frío voy a dejar de ir a Maitines?”  Y se dio la vuelta y se siguió preparando.

 

Ya que de sor Teresa podemos aprender muchas cosas, seguiremos contando más experiencias otro día.


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