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SOR TERESA, EJEMPLO DE MONJA BENEDICTINA III

Seguimos presentando la vida de sor Teresa que nos da idea de cómo es una monja benedictina. Hoy hablamos de su amor a la comunidad.

 

Amor a la Comunidad

La comunidad es algo muy especial para el monje. Nosotros tenemos una llamada particular, no optamos por una vida en función de un carisma concreto. Por ejemplo una persona que quiere hacerse Hija de la caridad ve una llamada a cuidar enfermos, a atenderlos, a servir en los comedores… y desde esta tendencia suya busca cómo concretar su vocación; otros tienen una llamada a catequizar, a predicar, y buscan qué congregación puede satisfacer estos sus deseos.

El monje tiene una llamada a un lugar, a una familia. Y en esa familia recibe o descubre unos valores que a él le hacen feliz, que le llevan a la plenitud de vida. Percibimos una certeza de que hay un lugar al que Dios nos ha destinado, en que nos encontramos bien, lo que se llama el “sentido de pertenencia”, “estoy en casa”.

Y ¿cómo se nos presenta este lugar? Por “aparentes” casualidades, que en el fondo son providencias. Y esto se va desarrollando con el tiempo como un gran amor a la Comunidad. Y ahí nosotros vamos descubriendo el carisma. Muchas veces no conocíamos nada de lo que era un benedictino hasta que no empezamos a vivirlo, haberlo hecho vida en una comunidad, encarnado.

Sor Teresa demostraba su amor a la comunidad no con palabras, sino con gestos de impresionante finura, delicadeza y ternura. Uno de ellos es por ejemplo el de los caramelos. Yo la atendía, le hacía la cama, le preparaba el desayuno, le limpiaba la habitación…todo lo que es atender a un enfermo o a un mayor, y generalmente, con mucha frecuencia, sin decir nada, me señalaba con un dedo unos caramelitos que me tenía preparados en la mesilla.

Un día, limpiando, encontré la caja dónde tenía guardados los caramelos y le dije un poco en plan de broma: “Sor Teresa, ¡qué de caramelos!, y algunos ¡qué buenos!”  Y seguí con mi trabajo. Ella no dijo nada. Pero, cuál fue mi sorpresa cuando al día siguiente llego a su habitación y me dice: “¡Coja!” Y veo que ha preparado dos caramelos pero de los buenos; detalle que a mí me emocionó. Se había dado cuenta de que me gustaban otros caramelos que los que me daba y rápidamente cambió.

Otro detalle que tuvo era su deseo de facilitarme todo lo que pudiera en el servicio que le prestaba. Su frase preferida era “Para que no le cueste tanto”. Pasó que nada más volver de la segunda operación de la cadera al principio había que llevarle en silla, y yo, nada más montarla en ella el primer día, noté que levantaba mucho los pies. Y yo pensé: “Esto tiene que costarle mucho con la cadera recién operada en todo el trayecto desde su habitación hasta la iglesia.” Y le pregunté: “Sor Teresa, ¿qué hace?” Y ella me dijo: “Levanto los pies para que no te cueste tanto llevarme”. Esta frase la repitió en numerosos detalles.

Cuando llegó de la operación, quedó bastante limitada, además ya era muy mayorcita, y pues yo le hacía la cama; y cuál es mi sorpresa cuando un día al entrar veo que está haciendo ella la cama con un esfuerzo tremendo. Tenía que ir sujetándose  de un lado para otro… Yo entraba casi un poco “enfadada” y le pregunté: “Pero sor Teresa, ¿cómo está haciendo la cama?” Y me contestó mirándome y riéndose: “Para que no te cueste tanto”.


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Comentarios: 1
  • #1

    María (jueves, 15 noviembre 2018 19:55)

    Buenas noches a todas las hermanas. Mi opinión, que era una hermana muy valiente. Y tenía un corazón grande.