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POR ENCIMA DE TODO LA MISERICORDIA

Dos monjes salen a cumplir un encargo y están ocupados hasta muy tarde. Conocen a una señora muy piadosa y entran a su casa a tomar alimento. Esto, en tiempos de san Benito, estaba prohibido por la Regla. Entonces cuando llegan los monjes al monasterio, les pregunta san Benito: “¿Dónde habéis comido?” Y ellos responden: “En ninguna parte”. Pero san Benito, que tenía el don de profecía, se da cuenta y les dice: “¿Acaso no entrasteis en casa de tal mujer, y comisteis allí tal y tal cosa y bebisteis tantas veces?” Y ellos entonces reconocen su culpa. Y dice san Gregorio que san Benito les perdonó en seguida su falta, creyendo firmemente que en adelante no volverían a hacer cosa semejante.

 

Se trata de dos monjes que han hecho algo indebido, han dejado de cumplir una norma. En esta transgresión estamos todos reflejados: la gran fragilidad del ser humano que está siempre en camino. Y en este camino nos vemos atraídos por toda clase de solicitudes, de falsas esperanzas, de falsos engaños de felicidad.

 

Lo más llamativo es que Benito perdona a los monjes y no los castiga. Normalmente era una falta tan grave que estaba castigada con la excomunión. Pero Benito ahora es padre; y nos impresiona esta gran clemencia. Recordemos que antes Benito había sido intransigente con aquella comunidad de Vicovaro cuando decía que no quería dejar desviarse a los monjes ni a la derecha, ni a la izquierda. Ahora ya ha cambiado: es mucho más maduro, está inclinado al perdón más que al juicio.

 

El mensaje de este episodio es que por encima de todo está la misericordia. Todos somos propensos a las caídas pero el perdón y la misericordia de Dios nos llega primero a través  de nosotros mismos, de sabernos perdonar, y también de los demás, cuando nos perdonan.


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