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SOR TERESA, EJEMPLO DE MONJA BENEDICTINA IV

EJEMPLO DE HUMILDAD, DE OBEDIENCIA Y DE POBREZA 

La vida de una monja benedictina es una vida vivida en la obediencia, la humildad, la discreción y la pobreza. ¿Qué nos puede decir de esto sor Teresa?

La humildad, no entendida como anulación o negación de valores como se interpretó a veces en los monasterios, sino entendida como una autoafirmación, una fundamentación de la vida y el reconocimiento de los dones que Dios nos ha dado.

Así lo hizo sor Teresa. Ocupó diferentes cargos en la Comunidad: fue cantora, enfermera, sacristana, trabajó mucho en el taller de ornamentos porque cosía muy bien, fue también portera. Expresó diferentes valores que tenía pero jamás hizo alarde. No sólo no hizo alarde de sus dones, de sus cualidades, sino que nunca la vi tener envidia de las demás.

Recuerdo que cuando yo llegué estaba siempre cosiendo o bordando, lo hacía muy bien, y nunca la vi jactarse, decir: “Esto lo he hecho yo”, como a veces a las demás nos sale.

Además alababa siempre a las demás. Una vez le dije que tenía que ir a Madrid porque me habían pedido que hiciera una pequeña intervención, una conferencia, y me dijo: “Hija, ¡qué importante eres!” Yo le dije que era una cosa muy sencillita… Siempre estaba a punto para alabar a las demás, para animarlas, para reconocer sus cualidades.

Sor Teresa era una mujer humilde, discreta, silenciosa - hablaba muy poquito, y obediente. Como anécdota podemos decir que cuando volvió del hospital y la pusimos en la silla, teníamos miedo a que no se acostumbrase mucho a la silla, porque luego le costaría volver a caminar. Yo la obligaba levantarse sola, la intentaba estimular, y obedecía siempre, nunca la vi protestar o quejarse de nada.

En otro acontecimiento sor Teresa tuvo que unir su amor a la Comunidad con la humildad, la pobreza y la obediencia. Hubo unos años que la comunidad era muy pobre, no teníamos ni para comer. Esto era una característica de nuestra comunidad. Desde el año 966, en que se fundó, siempre teníamos muchos problemas económicos, lo hemos pasado muy mal. De hecho, en todos los libros de cuentas que tenemos en el archivo se ve la “obsesión” de cómo salir adelante.

La Comunidad vio que no podía subsistir y pues eligió a dos monjas para que fueran a pedir dinero a los pueblos para poder vivir. Una fue sor Teresa y otra sor Mercedes, que también la conocí, así que no os estoy hablando de una historia lejana.

La Comunidad llegó a tal extremo que tuvieron que salir a pedir: pobreza. Obediencia: sor Teresa obedeció. Tuvo que sufrir humillaciones porque confesó a una monja de la Comunidad que le había costado mucho, que fue de lo que más le costó. Si todos nos ponemos en la situación de ir a pedir por las casas, pues nos humilla. Pero sor Teresa superó esta dificultad por la obediencia, por la humildad y por el amor a la Comunidad. Y se embarcó en esta aventura de ir por los pueblos pidiendo. Yo nunca la oí quejarse de aquello.

Gracias a este gesto de sor Teresa y sor Mercedes las que hemos venido después hemos podido seguir teniendo un monasterio, una comunidad que ha subsistido.

Gracias, sor Teresa, y ahora, desde el cielo, ¡sigue ayudándonos!


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