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SOR TERESA, EJEMPLO DE MONJA BENEDICTINA V

Sor Teresa, monja alegre

 

Sor Teresa tenía una alegría muy contagiosa, muy espontánea, muy natural, que transmitía alegría a los demás. Ya podías estar en el peor momento de tu vida y con sor Teresa te acababas riendo. Empezaba a reír y no paraba. Además era por cosas muy sencillas.

Por ejemplo, cuando la estaba cuidando y lavando, el servicio de su habitación es muy estrecho, y pues con frecuencia al querer movernos, nos chocamos un poco. Y ella empezaba a reírse…

Cuando estábamos en la recreación, ella solía estar muy callada, pero cuando veía que nosotras, por cualquier motivo, estábamos más animadas o nos movíamos, nos miraba y se ponía a reír, y nos hacía mucha gracia.

Y luego está el episodio del conejo. Nosotras nos levantamos todos los días a las seis de la mañana, salvo dos ocasiones que son la fiesta de Navidad y la fiesta de Pascua.

Yo, una vez en Navidad, me di cuenta que si no levantaba a sor Teresa cuando íbamos a Laudes a las ocho y media, se le iba a hacer excesivamente larga la espera hasta que salíamos de rezar. No le gustaba estar demasiado tiempo en la cama, necesitaba moverse. Entonces se me ocurrió bajar antes de que tocaran para despertarnos y levantarla.

Pero ¿qué pasaba? Que mi familia me había regalado un pijama que es como un mono que abriga mucho (porque en León hace mucho frío en invierno) que era como un conejo. Tenía un capuchón, unas orejas arriba… Entonces bajé a levantarla con este pijama y ella, cuando me vio, empezó a reírse. Yo no sabía de qué se reía porque no me daba cuenta de que llevaba el conejo puesto. Y ella, jajajaja, no paraba, diciendo: “¡Pero qué se ha puesto!” Nunca he visto una alegría tan grande. Acabamos las dos riéndonos.

Sor Teresa, un ejemplo de una alegría espontánea que sólo puede dar la presencia del Señor, esta presencia que nos hace verlo todo con ojos de humor, de simpatía, de reconciliación y de felicidad.

 

Con este rasgo de su personalidad tan precioso vamos ya a dejar la historia de sor Teresa porque hemos hablado de lo más importante de su vida: de Dios, de su comunidad y de su vocación.

Que sor Teresa interceda por todos nosotros para que seamos como ella hombres y mujeres orantes, humildes, entregados,  valientes y alegres.


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