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EL ADVIENTO Y LOS MONJES

Como sabemos, el Adviento es un tiempo litúrgico en que nos preparamos para la venida del Señor en sus dos venidas: cuando vino en su nacimiento y cuando vendrá al final de los tiempos.

También podemos decir que el monje es quien encarna este tiempo litúrgico: el monje es un Adviento hecho vida, es un hombre que espera constantemente al Señor.

Y todo hombre antropológicamente tiene una dimensión monástica pues va a descubrir siempre que está esperando al Señor, que está esperando que Él llegue… que llegó, llega y llegará.

 

Vivamos este tiempo de Adviento con esperanza, con alegría y como un tiempo de espera. Y cuando uno está esperando, está con tensión pero también con mucha vigilancia, mucho velar cada momento para ver cuándo viene el acontecimiento.

Como cuando en el hospital asistíamos a los partos y todos estábamos esperando a ver cuándo aparecía ya la cabeza del niño. Entonces no se te ocurre nada más que estar mirando con mucha expectación, mucha alegría y mucha esperanza. Éstas son, para mí, las actitudes propias para alguien que espera una cosa muy grande como es nuestro Señor Jesucristo.

En latín, la palabra vigilancia viene del "vigil" que significa “estar despiertos”; no es solamente estar atentos a ver quién viene, sino estar en una actitud de día, no de noche. Y Jesús nos dice que para estar despiertos, no hay que comer mucho ni beber mucho, ni estar muy preocupados por el dinero, por el poder o el tener. Se trata de estar atentos a lo esencial.

El monje durante el tiempo de Adviento añade a esta actitud de vigilancia y de espera una mayor interiorización. Dedica más tiempo a lo interior, a lo espiritual, y por eso disminuye las relaciones con el exterior. También hay más tiempo para la vida de Comunidad, para compartir juntos nuestras experiencias y la Palabra de Dios.

La Liturgia de las Horas de este tiempo es una preciosidad, los himnos, las antífonas nos despiertan un entusiasmo que, aunque nos levantemos un poco adormilados, al cantar “Ya viene el Salvador”, nos tenemos que poner contentos a la fuerza. Celebrando la liturgia tenemos que estar siempre de fiesta. Nos entra una alegría que se dilata el corazón y nada se nos pone por encima, ni desgracias, ni penas... ¡Por eso invitamos a todos que canten, que celebren la liturgia!

(Recogido del programa El cántaro del P. José Román Flecha en el que participó sor Ernestina Álvarez Tejerina)



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