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"Quítate eso que no es tuyo"

Benito recibe la visita del rey Totila que era el rey de los godos. Este rey oyó decir que Benito tenía un espíritu de profecía y pues se dirigió al monasterio y cuando se estuvo acercando, anunció a Benito su visita. En seguida se le pasa el aviso a Benito quien responde que el rey puede llegar. Pero Totila quiere ver si Benito verdaderamente tiene el espíritu de profecía y entonces coge a su escudero llamado Rigo y le hace vestirse como que era el rey y le manda que se presente a Benito sustituyéndole a él. Lo manda con el cortejo como si fuera realmente el rey.

Cuando Rigo llegó al monasterio, ostentando todas las vestiduras reales, y rodeado de numeroso séquito, Benito está sentado a la puerta. Cuando ve a Rigo acercándose, le dice: “Quítate eso, hijo, quítate eso que llevas que no es tuyo”. Rigo, temblando, se dio la vuelta y se volvió a su rey.

Benito pone en evidencia la máscara que lleva Rigo, y le dice que se lo quite, que no es suyo. Nosotros nos inflamos, como Rigo, nos ponemos algo que no nos corresponde, para parecer más grandes de lo que somos, o por lo menos diferentes. Y nos presentamos ante los demás como reyes, pisando fuerte. ¿Por qué? Podemos reflexionar cada uno de nosotros sobre esta pregunta. ¿Qué quiero parecer? A lo mejor quiero ocultar miedos, algo que me da vergüenza, situaciones de angustia, soberbias, rechazos, baja autoestima… En un momento de silencio podemos interiorizarnos para conocernos a nosotros mismos sin miedo. Y hagamos caso de lo que nos dice san Benito: “Quítate eso porque no es tuyo”.

Sigamos con el relato de San Gregorio: después de que Benito ha descubierto la mentira del rey Totila que lo quiso engañar, el rey quiere presentarse ante él en persona. Va al monasterio y viendo a lo lejos a Benito sentado, no se atreve acercársele, sino que se postra en tierra. Entonces el hombre de Dios le dice: “Levántate”. Pero como él no se atreve levantarse en presencia de Benito, éste se digna acercarse al rey, lo levanta y le invita a que cambie de vida, a que no siga haciendo el mal, con estas palabras: “Haces mucho daño, ya es hora de que pongas término a tu maldad”. Y nos dice San Gregorio que desde entonces el rey Totila fue menos cruel.

Totila fue el rey de los ostrogodos del año 541 a 552, y como era muy guerrero, gracias a él los godos recuperaron todos los territorios que habían perdido en Italia. Pero para San Gregorio Magno es el prototipo de los peores horrores, un hombre sanguinario, y además no era católico, sino ariano.

Este encuentro de Totila con Benito es una escena cautivadora. Porque Benito está sentado tranquilamente para recibir a un personaje tan poderoso. Y representa así la tranquila indiferencia del hombre de Dios frente a toda intimidación política de los poderosos, de los reyes, de jefes de dineros…

Lo que importa destacar es esto: Benito, un sencillo abad, tiene un poder inusitado sobre el rey Totila que le vemos postrado ante él. Es el símbolo de la superioridad del Reino de Dios sobre todo poder humano. Personalidad grandiosa de San Benito: enfrentado al poder político, no se enfrenta; simplemente permanece sereno, permanece en su integridad. No deja de ser cortés con él pero sí que sabe dónde está su sitio y sabe mantenerse su dignidad.

También impresiona con qué suavidad pero al mismo tiempo firmeza le indica al rey que debe cambiar y cómo éste cambia. Se hizo menos cruel. La presencia siempre pacífica, serena, del bien reflejada en una persona invita ya de por sí al cambio. Benito no le dio una gran homilía, sino una simple insinuación, exhortación a ser bueno.

Seguimos ejemplarizados y asombrados de lo que san Benito en su sabiduría nos transmite. 


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