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Nada que viene de fuera puede hacer daño al hombre

El obispo de la iglesia de Canosa era muy amigo de San Benito, el cual, según dice San Gregorio, lo “amaba entrañablemente”.

Un día estaban conversando acerca de la entrada del rey Totila en Roma y de la devastación de la ciudad y dijo el obispo: “Mucho me temo que este rey destruirá de tal manera la ciudad que ya no podrá jamás ser habitada”. A lo que respondió el hombre de Dios Benito: “Roma no será destruida por los hombres, sino que se consumirá en sí misma, abatida por tempestades, huracanes y tormentas, así como por los terremotos”.

Benito prevé el destino de Roma como consecuencia de la forma de vida de la ciudad, y no de los acontecimientos externos. Por eso dice que se consumirá a sí misma. Estas tempestades, huracanes, tormentas y terremotos se refieren a todo eso que nosotros llevamos dentro: iras, odios, venganzas, envidias… Todo eso que lleva al desmoronamiento de la persona y al desmoronamiento de las relaciones, que nos destruye a nosotros y a la sociedad. Éste es el mensaje que nos da hoy san Benito.

Recordamos que él ya al principio, siendo muy joven, se fue a estudiar a Roma y ya ahí desprecia el mundo. Se retiró de esa ciudad tan superficial, tan viciada, y se fue a habitar consigo mismo. Roma se va a marchitar. Por eso San Benito se retira.

También nosotros, cuando no estamos con el Señor, nos marchitamos. Nada que viene de fuera puede hacer daño al hombre, es lo que hay dentro del hombre lo que le hace daño y le destruye. 


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