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UN PROYECTO DE FELICIDAD

En un momento muy concreto de mi vida, una experiencia, presencia fuerte del amor de Dios, dio comienzo a un camino nuevo.

Hasta entonces había realizado muchas y variadas actividades, las propias de una joven de este tiempo, pero no tenía un “sentido de vida”  que diese unidad y orientación a todo eso que hacía.

Con gran asombro, ya que partía de una situación de alejamiento de la fe, tras dicha experiencia, empecé a notar cambios desconcertantes.

El primero y principal fue el querer descubrir el designio de Dios para mí que intuía como un proyecto de felicidad a pesar de que me suponía abandonar todo lo que hasta entonces formaba parte de mi día a día.

Deseé concretar lo más rápido posible esta llamada al seguimiento de Jesús y encontré en una comunidad de monjas benedictinas de León, el lugar donde, nada más entrar, me sentí “en casa”.

Recuerdo muy vivamente el momento en el que penetré por la puerta del monasterio, quizás como uno de los más grandes de mi vida. Instante de gran plenitud, como el que experimenta el que llega por fin a la meta, muy cansado de haber recorrido un largo camino.

En ese monasterio y con esa comunidad, llevo ya 30 años, caminando juntas en la búsqueda de Dios y descubriendo y desarrollando los valores monásticos propios de nuestra vocación: la celebración litúrgica, el amor a la Sagrada Escritura, la vida fraterna, el silencio, la soledad, el trabajo, la acogida a los huéspedes…

Doy gracias a Dios por este gran don de la vocación monástica.

 

  


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