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VIDA CONTEMPLATIVA Y SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES

¿CÓMO ESTUVE VIVIENDO, DESDE MI VIDA CONTEMPLATIVA, EL SÍNODO DE LOS OBISPOS SOBRE LOS JÓVENES?

 

En comunión, porque veo reflejadas en ellos mis aspiraciones. Lo principal de mi carisma, como monja benedictina, es la búsqueda de Dios y los jóvenes le buscan.

 

Con empatía, porque, en mi historia personal, he participado de las mismas dificultades, desvíos y errores que ellos pero intentando que no se apagase nunca el afán por  alcanzar mi verdadera identidad y el sentido de mi vida. También este propósito percibo en la juventud actual.

 

Con alegría, porque veo que los jóvenes descubren, dentro de ellos, sonidos interiores que nada tienen que ver con los ruidos de un mundo exterior deshumanizado.

 

Con una enorme esperanza, al observar que expresan un auténtico deseo de abrirse a la “Verdad” en compañía de otros, compartiendo la fe y el servicio a los más pobres y necesitados.

 

Llena de admiración y sorpresa. Como monja benedictina, cuya principal misión en la Iglesia es la celebración litúrgica, me entusiasma observar el interés de los jóvenes por la liturgia y su empeño en una renovación de la misma que les permita una participación plena y gozosa.

 

Con el deseo de hacerles llegar nuestra herencia monástica con sus valores. La alabanza a Dios realizada mediante la celebración el Oficio Divino, la vida de comunidad, profundamente familiar y humana en la que se comparte todo y principalmente la fe, el trabajo, la acogida a los huéspedes como a Cristo en persona, el silencio, el estudio, el contacto con la Palabra de Dios …

 

Con la presencia física y cercana. Siempre nos alegramos cuando los jóvenes se acercan a nuestras comunidades y los conocemos. En esos momentos nos surgen unos fuertes deseos de que sean felices, palabra clave del evangelio y de nuestra espiritualidad benedictina: “¿Quién es el que desea vivir días felices? Y si tú respondes “yo” (Prol. 16)”

 

Durante todo este sínodo me he unido a mis hermanas de comunidad en el anhelo por ser un verdadero hogar espiritual para todos los jóvenes que buscan a Dios, una guía para los desorientados y una “familia” para los solitarios. Le hemos pedido al Señor que nos ilumine para saber acoger a todos como a Cristo en persona.

 

Y por supuesto que he acompañado el Sínodo con mi oración unida a la de mis hermanas y a la de toda la Iglesia para que sean capaces de abrir sus corazones a Dios y les lleve al seguimiento de Jesucristo llenos de fe y esperanza. Que encuentren pronto esa gran  fuerza del Espíritu Santo que les conforte e ilumine.

 

“Cuida Señor a todos y cada uno de los jóvenes como a las niñas de tus ojos. Guárdalos de todo mal de alma y cuerpo. Que sean portadores del gozo y la paz de tu Espíritu y signo de tu presencia entre los hombres. Que tu madre y nuestra madre la Virgen María les ayude a avanzar sin tropiezos por el camino del amor”.

 

Me siento afortunada y agradecida al Sínodo que me ha permitido mantener esta amplia relación con los jóvenes, desde una presencia orante y también, en ocasiones, muy cercana físicamente.

 

Ernestina Álvarez OSB 


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