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TOLÉRENSE CON SUMA PACIENCIA

Tolérense con suma paciencia sus debilidades tanto físicas como morales. (RB 72, 5)

 

Este versículo se halla en el capítulo 72 de la Regla que es como el testamento de San Benito. El vocabulario principal de este capítulo es el del amor. Es un capítulo profundamente proactivo, todo son acciones, no se trata de ideas (tolérense, anticípense, obedézcanse…). Son  expresiones de una gran intensidad. Es como si san Benito hubiera empleado toda su energía en escribir este capítulo. Es tremendamente innovador, chocante y contracultural. No se encuentra en ninguna tradición anterior, es fruto de la propia vida y experiencia de Benito.

 

Dice un cuento: Un hombre estaba extremadamente orgulloso de su prado pero un día se encontró una cantidad de dientes de león. Probó todos los métodos posibles para deshacerse de ellos pero no había manera. Cansado, agotado, escribió al ministerio de agricultura contándoles el problema y enumerando detalladamente todos los métodos usados. Y les preguntaba: “¿Qué más puedo hacer con los dientes de león?” La respuesta del ministerio fue inmediata: “Le sugerimos que empiecen a gustarle.”

 

San Benito invita a ser tolerante con las debilidades. Choca fuerte y profundamente con nuestra mentalidad de lo que es la perfección de una vida de una comunidad monástica. Lo más efectivo sería que nos invitara a un cambio, a una corrección, a la intransigencia con nuestras debilidades, a un estar examinándonos constantemente.

Nos parecería más lógico depurar al máximo todos nuestros defectos. Pero ¡ojo!, esto es el modelo empresarial, es un modelo mundano que se nos está metiendo en las comunidades.

Para que una empresa funcione se exige la perfección de los trabajadores y se eliminan los trabajadores poco rentables o ineficaces, con defectos. Por ejemplo los jugadores mediocres jamás salen al campo de fútbol…  Sin pararse en ninguno de los casos a considerar la persona en sí misma: no vales y punto.

Se busca en ambos casos la perfección, la excelencia de la persona, la rentabilidad máxima. Hoy día además con el moderno neoliberalismo se nos dice: “No vales, te vas y punto”. Los débiles, los imperfectos, los minusválidos, los que tienen defecto no tienen ningún lugar en la sociedad.

 

¿Cómo puede pedirnos San Benito que seamos tolerantes? Porque para él la tolerancia es la perfección de la caridad, no la corrección. No dice “corríjanse unos a otros”; dice “tolérense unos a otros”.

Es la perfección según el corazón de Dios que pasa por alto los pecados de los hombres. Dios no distingue entre buenos y malos, sino que hace caer la lluvia sobre buenos y malos,  sobre todos. Los hombres sí distinguimos “éste es bueno y éste es malo”, y además según nuestros criterios subjetivos: el que no es como nosotros es malo.

 

Además, nuestra relación con los demás es muy condicionada por la relación que tenemos con cada uno de cariño y proximidad. Si somos tolerantes, es porque nos fijamos primero en la persona, porque la queremos; y cuando no nos relacionamos bien con una persona, nos fijamos antes en sus defectos que en la persona, y nos sale la corrección.

 

La tolerancia es muy incómoda. Porque es como llevar siempre el freno echado y tener que caminar; o caminar con un zapato que nos hace daño. Por eso es más costoso que la corrección. Pero tiene un gran poder de hacernos crecer en la paciencia que dará el gran fruto de la fraternidad.(continuará)

 

Sor Ernestina

 


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