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TOLÉRENSE CON SUMA PACIENCIA continuación

En el camino de la tolerancia hay diferentes pasos.

El primero es ser pacientes y tolerantes con nosotros mismos sin crisparnos ante nuestros defectos. Porque el crisparse es el gran pecado de la soberbia espiritual. El querer presentarnos como modelos de personas perfectas y querer que los demás sean también modelos de perfección. Pero la perfección según Dios es el reconocer nuestra debilidad y pedirle juntos al Señor constantemente perdón.

 

Viene de allí la paciencia con las manías de los demás. Las manías que todos tenemos, no son en principio ni buenas ni malas, son manías. Y se trata de acogerlas, de abrazarlas aunque no las entendamos. Unos tienen que descansar mucho, otros tienen que moverse mucho, unos tienen que hablar mucho, los otros nunca hablan... Entonces tenemos que dar un abrazo a las debilidades de los demás.

 

Pero esta tolerancia no puede ser pasiva: “Soporto a los demás”. Tiene que ser una tolerancia proactiva que carga con la debilidad del otro, que no lo ridiculiza, no lo minusvalora, que sabe que para la propia persona la situación es también dolorosa. Se trata de acoger esta deficiencia y ponerla encima de nosotros, cargar con ella. Así se la hago más llevadera al otro.

 

No puede haber una vida común feliz si no hay aceptación plena, tolerancia de las deficiencias físicas, psicológicas y morales de los demás. Es lo que nos pide San Benito: una paciencia grande, benevolencia, capacidad para pasar por alto todas las cosas, procurar nunca herir las susceptibilidades de las hermanas. Las flaquezas vienen de caracteres difíciles, de la edad con sus manías. La mayoría de las veces la persona no es consciente de eso. Dice San Benito “patientissime”, es decir esperando ese momento grandioso para poder abrazar la debilidad de cada hermano o hermana.

 

Es cierto que San Benito evolucionó en su pensamiento sobre la corrección y la tolerancia. Hay capítulos en la Regla donde habla de la corrección y utiliza incluso palabras muy fuertes.

En el capítulo 2 utiliza la palabra “corrección” cinco veces, con expresiones: corregir duramente, arrancar de raíz, reprimir enseguida… Una vez la utiliza para el propio abad.

Pero después viene el capítulo 64 en el que sólo utiliza la palabra “corregir” dos veces y es para decir prácticamente que no se corrija. (“En la corrección obre con prudencia y no sea extremoso en nada, no sea, por querer raer demasiado la herrumbre, se rompa la vasija”.)

 

Me preguntaba: “¿Qué le llevó a San Benito a este cambio, de pasar de corregir a tolerar?”

 

Yo creo  que :

1. Una fuerte experiencia del amor misericordioso de Dios que quiere a buenos y malos (Como dice san Pablo: El amor todo lo tolera, todo lo disculpa, todo lo tapa).

 

 2. Sta. Escolástica, hermana de San Benito, que le dio una buena lección  de que por encima de todo está el amor (¿Os acordáis del milagro de Santa Escolástica? Si no, os invitamos a leer este post de nuestro blog: https://www.monjasyvocacion.es/2019/02/11/santa-escol%C3%A1stica/).

 

 3. Experiencia de su propia debilidad (En el capítulo 64 dice al abad: “tenga siempre presente su propia debilidad”).

 

En conclusión podemos decir que estamos llamados a abrazar la debilidad del hermano o de la hermana y decir: “Sí, te quiero, incluso con esta debilidad que me crispa o muchas veces no entiendo”.

 

(Sor Ernestina)


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