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Velad y orad para no caer en la tentación

Volvemos a la historia de San Benito que nos relata san Gregorio Magno en su segundo libro de los Diálogos. Ya hemos visto que de su ejemplo y sus milagros podemos aprender muchas cosas para nuestras vidas. También hoy, a través del relato de un clérigo liberado del demonio por el Hombre de Dios descubrimos cómo vencer las tentaciones. 

 

Un clérigo de la iglesia del Aquino era atormentado por un demonio. El obispo de su diócesis le mandó visitar muchos sepulcros de mártires, que era una práctica frecuente para liberarse de los demonios. Pero el clérigo no consiguió curarse.

El obispo Constancio lo lleva pues a San Benito. Y dice san Gregorio: “El hombre de Dios Benito, elevando sus plegarias al Señor Jesucristo, al momento expulsó al demonio del hombre”.

Después de la liberación, Benito le dice al clérigo: “No te atrevas jamás a recibir orden sagrada alguna porque el día que lo intentares temerariamente, al instante volverás a ser esclavo de Satanás”.

Este hombre, muy agradecido, le hace caso. Pero, transcurridos muchos años, hizo caso omiso de este consejo de Benito, acercándose a recibir otra orden sagrada (fue diácono y se hizo sacerdote). Inmediatamente tomó posesión de él aquel antiguo enemigo y no cesó de atormentarle hasta que le quitó la vida.

 

Ya vemos que san Benito hizo una hazaña impresionante. San Gregorio lo pone por encima de los mártires – es mucho más eficaz contra los demonios su oración.

 

El clérigo quiso hacerse sacerdote por soberbia, por ser superior a los demás. San Benito se dio cuenta de esta su motivación y por eso le prohíbe recibir cualquier orden sagrada para no volver a caer en la tentación de la soberbia. El clérigo tiene buena voluntad, se decide de no tomar las órdenes sagradas, pero pasan los años, y el clérigo vuelve a caer.

 

Ya nos hemos preguntado en otra ocasión qué nos pasaba que volvíamos a caer. Parece que al clérigo, la oración no le faltó. Pero le faltó algo. A lo mejor es lo que dice el Señor: “Velad y orad para no caer en la tentación”.

Normalmente no nos falta la oración, nos falta el velar.

 

Velar tiene muchos significados. Lo podemos ver en el proceso de vencer la tentación que tiene 3 pasos:

 

  • Conocimiento de uno mismo (velar como permanecer una persona despierta ante sí mismo, observándose atentamente, despiertos ante nuestra propia vida).
  • Hacer que este conocimiento sea fecundo. Integración de todas las dimensiones del ser humano.
  • Conexión de la gracia como un derramar esa gracia sobre el momento presente para que la gracia sea eficaz y podamos superar la fuerza de la tentación.

 

Primer paso

El diácono renuncia a ser sacerdote. Pero no hace un proceso de conocimiento de sí mismo. No investiga sobre su problema de soberbia, preguntándose  porque quiere ser sacerdote, para qué… Deja sin sanar esa herida, la tapa, la cierra en falso... y cuando vuelve la circunstancia que despierta la soberbia (ve que los más jóvenes se ordenan sacerdotes) se abre la herida y le produce la misma reacción que antes.  La herida que no está curada deja al hombre perturbado, como un gemido profundo dentro de él.

Las heridas no sanadas nos hacen caer en las mismas cosas de siempre. Son las reacciones repetitivas que nos desconciertan y nos vencen.

Si no descubrimos la herida que llevamos dentro, vamos proyectando los problemas en los demás y no los solucionamos.

 

Segundo paso

Velar como cuidar, como diálogo interno con todas nuestras dimensiones (primitiva, emocional, racional, espiritual).

Hacemos nuestras decisiones desde la dimensión espiritual pero no dialogamos con lo que verdaderamente va a sufrir (la dimensión primitiva y emocional). Estas zonas con las que no contamos acaban por imponerse.

Hay que integrar el sufrimiento que todo nuevo nacimiento supone. Contar con el consentimiento de todas las zonas.

 

Ya Jesús nos enseña que antes de construir una torre hay que sentarse primero para calcular los gastos y ver si es posible acabarla; y que un rey tiene que ver si puede enfrentarse con otro rey en una guerra si tiene menos soldados que el enemigo (cf. Lc 14, 28–32).

 

Tercer paso

Velar como atención al momento presente en que vamos a recibir la gracia de la conversión.

Para salir victorioso en nuestros buenos propósitos  se necesita la atención al momento presente mediante la conexión física (donde está lo primario).

Se puede hacer de diferentes maneras (atención a la respiración, al latido cardiaco, apretar las manos con fuerza, sonreír, etc.). El objetivo es estar conscientes para ordenar y controlar bien la zona instintiva primaria y no distraerse de sí mismo.

 

Todo este proceso del VELAR tiene como objetivo la alegría del nuevo nacimiento. He dado a luz a mí mismo, a lo que estoy llamado a ser.

 


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