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TRANSMITIR EN EL ESPÍRITU

Nos cuenta san Gregorio en su libro de Diálogos que un varón piadoso ruega a San Benito que haga una fundación, que envíe algunos de sus discípulos a una zona que él tenía cerca de la ciudad de Terracina. San Benito accede y designa a unos monjes para que vayan allí. A uno le nombra abad y al otro prior.

Para despedirlos, para que no tuvieran miedo y no estuvieron preocupados, les dice: “Id y tal día iré yo y os mostraré el lugar donde debéis edificar el oratorio, el refectorio de los hermanos, la hospedería y todo lo demás que sea necesario”.

Pero ¿qué ocurre? Que la noche anterior al día que había convenido ir, el hombre de Dios Benito se les aparece en sueños al abad y al prior y les señala minuciosamente cada uno de los lugares donde se podía edificar todo lo mencionado que contiene un monasterio.

Resulta que el prior ni el abad no le dan importancia a este sueño y la mañana siguiente cuando esperaban a San Benito, ven que no llega y se llenan de tristeza. Van a él y le dicen: “Padre, esperábamos que vinieras tal como nos lo habías prometido pero no has venido”. Y San Benito les dice: “Pero hermanos, cómo decís eso, ¿acaso no fui como os había prometido?”. Y le dicen: “¿Cuándo has venido?” Y les contesta: “Fui a vosotros cuando me aparecí en los sueños mientras dormíais y os señalé cada unos de los lugares que debíais edificar. Id, pues, y según lo oísteis en el sueño, construid todos los edificios del monasterio”.

 

Muy curioso. Los monjes le regañan, se quejan de que no ha ido, él contesta de que sí ha ido… ¿Quién tiene la razón?

 

¿Qué mensaje podemos sacar de este episodio? ¿Por qué san Benito no acudió a la cita?

 

Quizás porque se había tomado como regla el no dejar nunca el monasterio, lo que se llama “clausura”. No obstante, no parece probable porque si recordamos el caso del ermitaño Martín que se había encadenado a una pared rocosa donde estaba habitando en una gruta para no salir de ella por si acaso tenía la tentación de irse, San Benito, muy sabiamente, le aconseja quitar esa cadena de hierro y le dice que no le una a su cueva más que la cadena de Cristo. Está queriendo decir que lo importante no es la ascesis externa sino el espíritu con el que vivimos. Es Cristo el que nos fundamenta en todas nuestras acciones.

 

Lo que queda reflejado es que san Benito tiene interés en las fundaciones y construcciones, y él se ha reservado el trazado del plano. Pero probablemente, yo creo, lo pensó mejor.

Vemos aquí una vez más un gesto de suma delicadeza de San Benito. No quiere estar presente para que su presencia física no sea una forma de quitar la libertad a los monjes, de cohibirlos, de condicionarlos, y ser de alguna manera una acción, una actuación impositiva.

Prefiere confiar en ellos, en que en su interior tengan ya unos criterios bien formados por los largos años que han madurado a su lado. Benito confía en estar dentro de ellos más que fuera. Y que sólo con escucharse a sí mismos descubran la forma de realizar el nuevo monasterio. Benito está espiritualmente con los hermanos, aunque haya distancia física. Hay una presencia personal interiorizada que es mucho más importante que la presencia física.

 

Todos tenemos experiencia de personas cuya presencia en nuestro interior, en nuestra vida no se ha perdido por la distancia física, sino que siguen estando muy activos con su espíritu en nuestra forma de ser, en nuestras enseñanzas, decisiones…

Hoy podemos dedicar un tiempo a recordar estas personas con mucho amor y agradecimiento. También esto es importante para los que tenéis que educar a los chicos: mucha confianza en que más que estar continuamente allí dándoles la tabarra, la transmisión principal es en el espíritu, interior, que es lo que va quedándose grabando.

 

San Benito es un hombre muy sabio, un gran arquitecto que construye  pero no sobre todo físicamente sino que construye el interior del hombre que es lo que todos tenemos que perseguir con nuestra influencia.

 


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