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SAN BENITO

Ayer, el 11 de julio, celebramos la solemnidad de nuestro fundador y patrón de Europa San Benito. Tuvimos una misa solemne a las 12 horas presidida por el vicario general de la diócesis, don Florentino, y embellecida por el canto de la “Coral Gregoriana del Císter de Sandoval”. Empezamos con la procesión por el claustro del Monasterio cantando un himno a San Benito.

 

Al principio de la homilía, el celebrante habló del seguimiento de Jesús, basándose en la frase que se proclamó en el Evangelio: “Y todo aquel que haya dejado, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre heredará vida eterna”.

“Esta invitación de Jesús no implica solamente el dejar a un lado las realidades materiales. Comporta y lleva consigo también un desprendimiento interior que sólo se alcanza con trabajo espiritual. San Benito lo dejó todo y tomó “por guía el Evangelio” (RB, Prólogo, 21) Con esta guía, primero se trabajó él mismo en la soledad, después vivió la palabra evangélica en comunidad, centrado en la carta magna del amor fraterno”, nos dijo don Florentino.

San Benito nos invita a buscar el corazón pacificado, ser capaces de amar gratuitamente, procurar la reconciliación con los demás y tener fuerza para afrontar dificultades. Y todo esto sostenido por la oración.

Además “nos muestra que  la profundidad humana no se encuentra ni en el bienestar material ni en la felicidad puramente a nivel psicológico o emotiva: hay otra dimensión más profunda que se percibe en la apertura al Dios que es Amor”, siguió el celebrante.

Nos recordó a continuación que “el crecimiento interior está muy unido a la relación con los demás. No basta con querer vivir la relación vertical con Dios; el auténtico diálogo con Dios pasa por el otro, por el hermano”.

San Benito es para nosotros un modelo atractivo y un maestro, por medio de la Regla nos muestra el camino hacia nuestra realización personal.

 

Y ¿por qué es patrón de Europa? “Europa tiene un alma arraigada en la tradición cristiana y cultivada, en buena parte, en los entornos de los monasterios benedictinos que en un momento u otro de la historia han sido fermento espiritual, humano y cultural para la Iglesia y para la sociedad”.

“Su aportación a la construcción  de Europa fue la inspiración de la vida social que sigue inspirando los valores de la civilización y de la cultura de los pueblos de este viejo continente”, explica el vicario.

Y añade que “la nueva evangelización de estas viejas naciones europea, programa que los cristianos tenemos hoy como tarea insoslayable de testimonio de Cristo, requiere por eso del coraje necesario para volver a colocar a Europa ante el ideal de la vida en Cristo que inspiró sus mejores empresas y dio fundamento sólido a la paz social. Una evangelización que, como el Papa Francisco ha puesto de relieve, pasa por la apertura del corazón a cuantos buscan una mayor dignidad de vida entre nosotros”.

 

Como la Regla es un libro que puede ayudar a cada cristiano en su camino espiritual, terminamos con un párrafo del capítulo 72, el penúltimo del libro, que se considera como su testamento espiritual.

 

“Éste es el buen celo que han de practicar con ferviente amor los monjes, esto es: estimando a los demás más que a uno mismo; soporten con una paciencia sin límites sus debilidades, tanto corporales como espirituales; pongan todo su empeño en obedecerse los unos a los otros; pongan en práctica un sincero amor fraterno; vivan siempre en el temor y amor de Dios; amen a su abad con una caridad sincera y humilde; no antepongan nada absolutamente a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna”.


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