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HOSPITALEROS DEL SEMINARIO DE SEVILLA

Dentro de sus actividades pastorales de verano, cuatro seminaristas del Seminario Metropolitano de Sevilla vinieron a pasar una quincena de sus vacaciones a León para servir como hospitaleros voluntarios en nuestro albergue de peregrinos.

 

Su tarea consistía tanto en una acogida humana de los peregrinos que llegaban de diferentes países y culturas, como en una acogida cristiana – a través del testimonio de la vivencia de su fe y su vocación y de los diálogos con las personas que hacían el Camino de Santiago, intentaban despertar o fortalecer en ellas el deseo de buscar a Dios y de dar un sentido a sus vidas.

 

Nuestra Comunidad benedictina se sintió enriquecida por la presencia de estos jóvenes en nuestro Monasterio gracias a su testimonio de alegría, entusiasmo y entrega, gracias a su participación en la liturgia y a los momentos de compartir en los que ellos pudieron conocer un poco la vida monástica y nosotras las historias de su vocación, sus inquietudes y sueños para el futuro.  

 

Dos de estos seminaristas comparten con nosotros su experiencia del voluntariado en el albergue:

                

Fernando Martín Llamas

 

1.- ¿Puedes presentarte brevemente?

Mi nombre es Fernando Martín Llamas y tengo 23 años. Natural de Jerez de la Frontera, soy seminarista de la Archidiócesis de Sevilla. Graduado en Derecho, comenzaré este próximo septiembre mi segundo curso en el seminario.

 

2.- ¿Con qué expectativa (u objetivo) viniste a León?

En honor a la verdad, yo no venía con ninguna expectativa concreta al albergue; principalmente porque antes de venir, tenía una actividad con mi parroquia que me exigió mucha dedicación. De forma que yo veía mi estancia en León casi como unas “vacaciones”. Aunque los hechos, posteriormente, me han hecho ver cuán desencaminado iba.

 

3.- ¿Qué es lo que más te ha gustado de esta experiencia de voluntariado y qué te ha resultado más difícil?

Una amiga del monasterio me preguntaba el día de nuestra partida cómo resumiría en una palabra mi estancia en el albergue. Yo le respondí que la palabra sería “acogida”. Y creo que así respondo a la pregunta. Lo más gratificante de esta experiencia ha sido el poder dispensar acogida a los peregrinos que pasan por el albergue; además del sentirse acogido por la comunidad benedictina y por los demás hospitaleros (con mucha más experiencia que yo).

Si tengo que decir alguna cosa que me haya resultado complicada, creo que sería el tener que levantarme algunos días muy temprano para preparar el desayuno a los peregrinos. Sobre todo, porque muchas veces terminábamos muy tarde el día anterior.

 

4.- ¿Tienes alguna anécdota de tu servicio de hospitalero?

Yo diría que, más que una anécdota concreta, mi voluntariado en el albergue ha sido unos días de mucho trabajo, pero también de mucha diversión. Primero, porque he tenido la inmensa fortuna de tener como compañero de aventura a mi hermano seminarista Andrés, que tiene un sentido del humor magnífico. Y luego, por la diversidad de gentes que hace el camino de Santiago; lo que te hace conocer a personas muy auténticas y especiales.

 

5.- ¿Crees que esta experiencia te ha servido para crecer en tu vocación sacerdotal?

Siguiendo una famosa máxima que utilizamos en el seminario, “todo es formativo”. Y estos días no han sido menos. Ha sido una experiencia intensa y que me ha hecho crecer, no sólo como futuro sacerdote (si Dios así lo quiere), sino también como ser humano.

Acoger a los peregrinos o cuidar a los enfermos son obras de misericordia. Y el papa Francisco quiere que seamos una iglesia de acogida y de misericordia. No se me ocurre una forma mejor de aprenderlo que a través de esos “otros cristos”, como son los peregrinos o los enfermos (como el caso de una chica estadounidense – Sarah - que se tuvo que quedar varios días en el albergue al sufrir un accidente durante el camino). Incluso san Benito, en su conocida regla monástica, también habla de tratar como al mismo Jesús a estos hermanos nuestros que son forasteros o que están impedidos por la enfermedad.

                       

Andrés Rodríguez Sánchez

 

1.- ¿Puedes presentarte brevemente?

Me llamo Andrés. Tengo 25 años, soy de Bollullos de la Mitación (Sevilla) y soy seminarista en el Seminario Metropolitano de Sevilla.

 

2.- ¿Con qué expectativa (u objetivo) viniste a León?

La verdad es que no tenía un objetivo claro cuando fui a León. Era como ir a la aventura a ver qué pasaba en esta experiencia. Lo que sí tenía claro era procurar que esta "aventura" me sirviera para reforzar mi encuentro con el Señor, ya sea con las personas con las que me iba a encontrar, o en los ratos de oración.

 

3.- ¿Qué es lo que más te ha gustado de esta experiencia de voluntariado y qué te ha resultado más difícil?

Me ha gustado mucho el servicio que he prestado tanto en la acogida de peregrinos como a mis compañeros del voluntariado.

Me ha resultado más difícil el levantarme algunos días muy temprano jeje. 

 

4.- ¿Crees que esta experiencia te ha servido para crecer en tu vocación sacerdotal?

Sí, me ha servido para reforzar mi vocación sacerdotal porque me he dado cuenta que el espíritu de servicio y entrega hacia los demás que he vivido en esta experiencia es a lo que está encaminada la vida sacerdotal, mostrando a través de nuestro ejemplo al Señor  a todas las personas que nos encontramos a lo largo de nuestra vida. 

 

 

 


¿Te atrae el voluntariado?

¿Te gustaría ser hospitalero/ hospitalera en nuestro albergue? ¡Ponte en contacto con nosotras!

sorperegrina@hotmail.com


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Comentarios: 1
  • #1

    Modesto (martes, 27 agosto 2019 10:03)

    Que alegría que futuros sacerdotes pasen por la experiencia de la acogida al peregrino, tanto física como espiritual, y además en el entorno de esa Santa comunidad. Bendiciones.