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CUSTODIOS DE NUESTRO MONASTERIO

Hoy celebramos en nuestro Monasterio de Santa María de Carbajal la fiesta de San Adrián y Santa Natalia cuyas reliquias custodiamos. Y estos dos santos, por su parte, nos custodian a nosotras desde el cielo.

 

¿Quiénes eran San Adrián y Santa Natalia?

Os invitamos a leer este texto hagiográfico escrito por Juan Basilio Santoro:

 

El martirio de San Adrián

 

El emperador Maximiano persiguió a la Iglesia de Dios. Llegó a Antioquía. Allí le fueron presentados muchos cristianos insignes en la fe y la religión y firmes en la confesión de su fe cristiana.

A veintitrés de éstos mandó que los azotaran con crueles nervios, que les rompieran la boca con piedras y les cortasen la lengua.

 

De Antioquía partió hacia Nicomedia, acompañado de un caballero ilustre  y principal de sus oficiales llamado Adrián que, a la sazón contaba con veintiocho años.

 

Adrián, al ver la ejecución de aquellos santos mártires, impresionado les dijo: “Por el Dios, por quien padecéis estos tormentos, os ruego que me digáis que galardón esperáis, porque juzgo que debe de ser grande sobremanera”.

Los veintitrés mártires le contestaron: “Esperamos los bienes que Dios ha preparado para los hombres, bienes que no el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre pudo intuir jamás”.

 

Al oír esto, Adrián, con resolución, se puso en medio de ellos y dijo a los notarios que estaban allí: “Escribid mi confesión entre las de estos confesores de Dios porque yo también soy cristiano”.

 

Pasado algún tiempo, habiendo oído Maximiano que el nombre de Adrián figuraba entre los que iban a ser ejecutados, lo hizo llamar y le dijo: “¿Te has vuelto loco, Adrián? ¿Acaso tú también quieres ser sentenciado a muerte?”.

Adrián le respondió: “No, no he perdido el juicio, sino más bien he pasado de la locura a la sensatez y a la luz del entendimiento”.

Añadió, con admirable firmeza, otras muchas cosas sobre la fe y la verdad.

 

Ante tal confesión, Maximiano, lleno de ira, lo mandó encarcelar severamente, junto con otros santos mártires y señaló el día en que lo había de examinar.

La prisión de este caballero distinguido se divulgó por todas partes. Informada su mujer Natalia de todo lo ocurrido acudió presurosa a la cárcel y, arrojada a los pies de su marido, besaba sus prisiones y exclamaba: “Bienaventurado eres, Adrián, porque has hallado las riquezas que no te legaron tus padres. Verdaderamente ya perteneces a Cristo, en Él hallarás cuanto necesites. Ya tienes contigo a Jesucristo en quien has creído, ve hacia Él con gran confianza, ve, sin temor, a recibir lo que te ha prometido”.

 

Natalia, impulsada por el amor de su santo esposo y los demás mártires se vino de Nicomedia a Bizancio donde dedicó su vida al servicio de Dios y, pasado algún tiempo, murió en el Señor.

 

 

¿Cómo llegaron las reliquias a nuestro Monasterio?

 

Los restos mortales de San Adrián fueron llevados a Constantinopla, y después, ya junto con los restos de su esposa, a Roma. El papa Juan VIII los donó al rey de España, D. Alfonso III el Magno, que los destinó a la iglesia de san Adrián del Monasterio de benedictinos de San Pedro de Eslonza (León) y fueron trasladados al mismo convento en 1602.

 

Al efectuarse el decreto de exclaustración, un religioso de este monasterio, fray Antonio González, tomó a su cargo la custodia de la urna, con la esperanza de que algún día pudieran volver a recibir culto en la iglesia. Mas, viéndose en edad avanzada, lo puso en conocimiento del obispo quien decidió trasladar las reliquias al Monasterio de benedictinas de Santa María de Carbajal. Y en este monasterio nuestro se custodian desde el año 1878.


Que San Adrián y Santa Natalia intercedan por todos nosotros para que, como ellos, seamos firmes en la fe y valientes en nuestro testimonio de seguidores de Cristo.



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