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SEMANA MONÁSTICA 2019

Procedentes de diferentes monasterios de la Península Ibérica (desde Oporto hasta Murcia, desde Pontevedra  a Canarias o desde Jaca a Alba de Tormes…) e incluso del continente africano (el hermano José Luís vino desde Midelt en Marruecos) hermanas y hermanos benedictinos y cistercienses así como laicos de diversas fraternidades y amigos compartimos del 27 al 30 de agosto unas jornadas de formación y convivencia que , sin duda, han supuesto para todos una gran oportunidad de crecimiento espiritual.

            El tema vertebrador de la XXXVII semana de estudios monásticos se enunciaba así.

            El Monasterio, manantial de paz.

 (Busca la paz y corre tras ella. RB. Prólogo 17 – Salmo 33, 15).

 

DÍA A DÍA:

            El lunes 27 de agosto era el día previsto para la llegada y acogida en la Casa de Espiritualidad San Vicente de Paúl de Santa Marta de Tormes en Salamanca. En las habitaciones no faltaron los detalles previstos por el infatigable equipo organizador: estuche, carpeta, identificador… Saludos y abrazos cordiales para los ya conocidos y para los que acudían por primera vez. Las Vísperas y la Eucaristía nos reunieron para alabar al Señor que nos había convocado.  Finalizada la cena llegó el merecido descanso después de unos viajes que, para muchos, habían sido largos. Los corazones estaban ya preparados para vivir unos días esperados con mucho interés e ilusión por parte de todos.

 

El martes 28 de agosto comenzó con la oración de Laudes y la Eucaristía. A continuación el desayuno.

Ese día dos conferencias ilustraron el tema que nos convocaba. En la primera, fue José Luis Navarro, OCSO, del Monasterio Nôtre Dame de L´Atlas de Midelt en Marruecos quien nos habló “de corazón a corazón”. El título de su intervención era: Perdón y reconciliación. Diálogo Interreligioso.

José Luis se refirió a la “decisión” de perdonar y recordó que en esto Jesús nos ha dado ejemplo. Muchas expresiones bíblicas lo confirman. Y muchos testigos lo han hecho presente, como el Beato Christian de Thibirine, del que escuchamos su impresionante testamento que constituye un “mensaje alentador de perdón”.

José Luis nos habló también del hno. Jean Pierre Schumaker, superviviente de Thibirine y actualmente en la comunidad de Midelt, con quien él ha tenido la dicha de convivir estos últimos años, de quien dice que es “la dulzura y el perdón personificados”.

 

            La segunda conferencia fue impartida por D. Pedro Barrado Fernández, profesor de Sagrada Escritura y Ldo. en Sagrada Escritura. El título: Cristo resucitado es nuestra paz.

Recordó el profesor Barrado que la paz de Jesús no es como la del mundo. Que los Evangelios son una “contrapropuesta”. Ilustró sus palabras con numerosas citas bíblicas y ejemplos. Explicó las características de la Pax Romana. Nos ayudó a reflexionar sobre la urgencia de hacer posible la paz de Jesús.

 

            Por la tarde pudimos profundizar en estos contenidos en una mesa redonda con los dos ponentes.

            El día terminó con el rezo de Vísperas, la cena y el descanso. Hubo también paseos por el amplio jardín que ofrece la casa, oportunidad de intercambios informales con los hermanos, para los que así lo quisieron.

 

La mañana del miércoles 29, memoria de San Agustín, nos encontró una vez más reunidos en la alabanza de Laudes y en la Eucaristía.

Ese día nos esperaban otros dos “platos fuertes”:

Almudena Vilariño OSB, del Monasterio  San Pelayo Antealtares de Santiago de Compostela, habló de: Gratuidad, pobreza y sencillez: “Dad gratis lo que habéis recibido gratis”.

Almudena fue desgranando la hondura que estos términos encierran: frente a la sociedad actual, frente a nuestro deseo de retribución… Son el núcleo de toda verdadera experiencia religiosa, el culmen del Evangelio y el anhelo de la vida monástica.

De manera clara y vital, la ponente no dejó de interpelarnos a “creer en la fragilidad del don” que late en este presente de nuestras comunidades monásticas.

                               

Mary Paz López Santos, laica cisterciense del Monasterio de Santa María de Huerta de Soria, había sido invitada a reflexionar sobre: La apertura a lo social.

Con sencillez y espontaneidad nos habló del “talente pacífico que nace de un corazón unificado”. De la paz con los cercanos (familia, comunidad…), la paz entre creyentes de diferentes religiones, la paz monástica… Planteó cuestiones al auditorio sobre realidades sociales de hoy: ¿acogida a los inmigrantes, a los que viven en la calle? ¿Cómo llevar la paz al mundo?

Compartió con todos su experiencia de vida.

 

Por la tarde nos esperaba el trabajo en grupos pequeños. De cada uno debían salir dos cuestiones para plantear después a las ponentes de la mañana en el grupo grande. Fueron diversas: ¿Paz auténtica/ paz fingida? ¿Cómo vivimos la pobreza? ¿Cómo gestionar acción/reflexión...? Y otras más que favorecieron el diálogo y la clarificación mutua.


El jueves 29 de agosto contamos con la visita del Padre Demetrio, monje ortodoxo del Monte Athos que reside actualmente en España. Nos habló de: La hexiquía. Paz interior.

La hexiquía es “la vuelta a uno mismo”. Hexicasta es “el que viaja a su corazón” (como el hijo pródigo de la parábola evangélica), es “el que escucha”. La hexiquía es el destierro de todo pensamiento, el paso de mi oración (ardua y agotadora) a la oración de Dios (espontánea y sencilla).

Es este un camino para todos los cristianos sin excepción (Orad sin interrupción). A todos se nos exige lo mismo (la diferencia está en la intensidad). ¿Un método? La oración de Jesús. El intelecto racional no puede permanecer desocupado, pero sí simplificar su actividad por la repetición continua de una Palabra.

De esta manera el Padre Demetrio compartió con nosotros esta valiosísima tradición monástica que se remonta a los Padres  y Madres del desierto. Cuánto le agradecemos su presencia y sus palabras.

 

Ese día por la tarde el P. Abad de Montserrat, Josep María Soler, presentó el tema: Comunidades monásticas, comunidades de paz. El buen celo en el capítulo 72 de la RB.

El P. Abad comenzó recordando que “el monje necesita el silencio interior, la paz”. Y como todo ser humano “tiene un monje en su interior” esta búsqueda de armonía consigo mismo y con los demás es una búsqueda de todos.

San Benito, en la Regla, enseña el camino para llegar a la paz interior y para la convivencia pacífica de los hermanos. Camino de vida y felicidad. Camino que supone un trabajo interior constante.

A continuación fue comentando el capítulo 72, que definió como “testamento espiritual de SB” y “manual de convivencia humana en profundidad”. Explicó las cinco máximas que los monjes deben practicar “con el amor más ardiente” para vivir el buen celo al que se refiere SB en este capítulo.

Concluyó el P. Soler recordándonos que “a los que buscan a Dios de veras SB les muestra el rostro de Cristo en los hermanos de comunidad, en los huéspedes y visitantes… El monasterio es, por ello, un sacramento de la Iglesia, anticipación del mundo futuro y signo profético”. Palabras aleccionadoras para todos que agradecemos mucho,  así como haber contado con su presencia en esta SEM.

 

Amanece al viernes 30 de agosto, último día de la extraordinaria semana que estamos viviendo. De nuevo, comenzamos unidos en la oración de Laudes y la Eucaristía.

A las 10, en la sala, nos espera el sacerdote D. Carlos Valiente Barroso, doctor en psicología e investigador de la neurociencia. Su conferencia tiene un título sugerente: Vivencia del tiempo.

El profesor Valiente conversó con nosotros sobre lo que es el tiempo “coordenada que preside todas nuestras vidas: meses, estaciones, mareas, ciclos menstruales…”Es “un diálogo entre nosotros y el mundo”. Es necesario para el cambio, la maduración, el progreso…

El tiempo se puede ver desde muchas perspectivas: desde la ciencia (tiempo de las estrellas, de las plantas…), desde la cronobiología (cada persona es singular en sus ritmos biológicos), desde la psiquiatría, etc.

Hay un tiempo subjetivo, un tiempo circular, una relación entre el tiempo y el afecto, un tiempo lineal… El tiempo es algo sagrado. Cristo se ha hecho tiempo. Su Presencia es el tiempo extendido. Por eso, nuestro trabajo aquí, en nuestro tiempo, es algo esencial; Dios cuenta con ello.

Gracias al tiempo podemos vivir la experiencia del perdón como ese proceso interno de infracción/dolor/reconciliación/conversión que nos hace nacer de nuevo.

¿Y qué le puedes regalar a Dios de lo poco que es tuyo? El tiempo. (Recordó la Liturgia de las horas).

Terminó su intervención afirmando la importancia del SER, no del HACER. Y nos invitó a mirar nuestro presente con gratitud.

Sus palabras suscitaron un interesante diálogo en la sala en el que varias personas compartieron su experiencia de “no hacer nada” o de “descubrir, con el paso del tiempo, la verdad de la vida del otro sin juzgarla”. Preciosos testimonios.

El broche de oro de la mañana y de la SEM lo puso el rabino D. Mario Stofenmacher que disertó sobre: Shalom. Reflexión genérica sobre la paz.

Empezó su intervención hablando de la violencia como algo que no es racional, que no nace de la razón sino del miedo (que es a su vez consecuencia del dolor). Aunque a menudo la violencia “se esconde en razones concretas para intentar explicar lo que no es explicable”- dijo. Recordó el episodio veterotestamentario de Caín y Abel.

Se refirió a continuación a la Cábala y su explicación de los cuatro niveles en los que se desarrolla nuestra alma. Hay un nivel en el que Dios nos da la capacidad de crear. Es el nivel en el que se sitúa la paz. Hemos sido creados como pacificadores. Dios es un Dios de paz y, por lo tanto, nuestra tarea primordial es “hacer la paz”. Replicar su tarea divina a través de nuestras limitaciones. “La paz es una responsabilidad compartida”. Y la paz es justicia, verdad y bondad.

 El profesor Stofenmacher dejó abierta esa llamada a la tarea de la paz que cada uno debemos descubrir.

Le agradecemos de corazón su rica exposición y el esfuerzo por acercarse hasta Salamanca desde Polonia donde había estado los días previos.

 

 

 

La tarde del viernes estaba reservada para una visita a la cercana ciudad de Ávila. Acompañados por una benéfica y copiosa lluvia visitamos la Catedral, llena de tesoros artísticos muy bien comentados por el guía que había sido contratado para la ocasión.

Tiempo libre para pasear, hacer alguna compra… y a las 7 las Vísperas en el Convento de Carmelitas Descalzas de San José, primera fundación conventual de Santa Teresa en su ciudad, allá por el año 1562.

 

 

La SEM 2019 había llegado a su fin. Vuelta a casa. Pero esos días de oración, formación y convivencia ya habían dejado su huella en todos los que tuvimos la gran suerte de estar allí.

Gracias al equipo organizador por todos sus desvelos para facilitar que fueran unos días llenos de gozo y de paz. Gracias a todos los participantes.

Esperamos con ilusión la próxima semana de estudios monásticos.

 

(María Luisa Argüelles de la Asociación de los Amigos del Monasterio Santa María de Carbajal)

 

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