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VIVIR LA PALABRA DE DIOS

Hoy, en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, hemos leído el Evangelio de San Lucas 11, 27 - 28, en el que una mujer dice a Jesús: "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!" Y Jesús le responde: "Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!". 

Compartimos con vosotr@s la reflexión de sor Ernestina sobre este texto:

 

Una mujer entre la multitud dijo: "Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron".

 

Con un verdadero sentimiento femenino, esta mujer envidia a la madre de un maestro tan maravilloso. Nuestro Señor está lejos de rechazar esta bendición pero, en contraste con la mujer que se dirige a Jesús, él se dirige a los demás que estaban con él y les da una bienaventuranza (μακαριοι [ makarioi ]). 

 

Lo que responde es una frase correctiva: “sí, dices bien pero mejor”. Quiere indicar que, aunque la bendición es correcta, hay una bendición mayor disponible para aquellos que creen.

 

Él sostiene —como “mejor bendecidos ” —los oyentes de la Palabra que la ponen en práctica; Y ¿quiénes son estos? Se está refiriendo a los más humildes delante de Dios. Los anawin en total dependencia de él, un  movimiento al que pertenecía la Virgen María.

 

Una traducción ampliada de este texto se leería: “Lo que has dicho es cierto. Pero la bendición de María no consiste simplemente en su relación conmigo, sino en el hecho de que escuchó la palabra de Dios y la puso por obra, que es donde reside la verdadera bendición”.

 

El final es lo más llamativo: No se trata de escuchar la Palabra de Dios ni de meditarla sino de ponerla en práctica. La vida no se piensa ni se medita, se vive o se deja pasar.

 

Tenemos siempre el peligro de equivocar el abandono en las manos de Dios con la pasividad.

 

Dejarse llevar por Dios no quiere decir dejarse llevar por la vida, a la vida hay que adelantarse para hacerla aparecer, para que se manifieste como Dios quiere. Tirar de ella.

 

Es el camino de la escucha activa que se adelanta a la vida y le da su sentido y plenitud. Como decía Amado Nervo: “No son jamás, en la actividad humana, vano el afán ni inútil la porfía”; o Kierkegaard: “Sólo es verdad lo que se convierte en vida y es la vida la única que expresa la verdad de una persona”.

 

Hay que insistir en la acción, perseverar, obstinarse para lograr lo difícil, vencer a lo que se opone a la voluntad de Dios.


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