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Píldora de la semana: Vencer al mal con el bien

Feliz lunes a tod@s! 

En estos días particularmente difíciles de pandemia, antes de leer la píldora bíblica semanal, os invito de todo corazón a orar conmigo para toda la humanidad, para que Dios nos cuide y nos proteja, alivie nuestros sufrimientos y nos libre pronto de este terrible mal. Jesús nos dijo: "Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos" (Mateo 18:19,20). Siempre que nos reunamos y oremos juntos, el Señor está presente con nosotr@s, así que os animo a rezar tod@s unid@s, con vuestros seres queridos, en vuestros hogares, como también desde nuestro monasterio oramos todas unidas, con plena confianza en Dios, nuestra Salvación (Salmo 38(37):22,23).

Del Salmo 91 (90):

"-Refugio, baluarte mío, mi Dios, en quien confío-. Pues él te libra de la red del cazador, de la peste funesta; con sus plumas te protege, bajo sus alas hallas refugio: escudo y armadura es su fidelidad. No temerás el terror de la noche, ni la saeta que vuela de día, ni la peste que avanza en tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía.(...) El mal no te alcanzará, ni la plaga se acercará a tu tienda; que él ordenará a sus ángeles que te guarden en todos tus caminos.(...) Puesto que me ama, lo salvaré, lo protegeré, pues me reconoce. Me llamará y le responderé, estaré a su lado en la desgracia,(...) haré que vea mi salvación."

Espero que esta hermosa y tocante oración os sirva de aliento y de consuelo; "confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros" (1 Pedro 5:7).

Cuando Jesús nos enseñó a orar (Mateo 6:9-13) evidenció la importancia del PERDÓN. Abrimos la Palabra de Dios y dejamos que nuestro amoroso Padre nos instruya sobre esta preciosa actitud que nos exhorta a cultivar.

 

Vencer al mal con el bien

 

Romanos 12:17,21

No devolváis a nadie mal por mal; Procurad el bien a todos los hombres. No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien”.

Cuando era niña me gustaban mucho los dibujos animados en los que el héroe con super poderes aplastaba al malo salvando a la humanidad, o las películas de la “guerra de las galaxias”, en la que la fuerza luminosa de los buenos luchaba en contra de la fuerza malvada del “lado oscuro” .

Pero en la carta a los Romanos, el apóstol San Pablo no se refiere solamente al vencer un mal que llega desde el exterior, sino también a nuestro proprio mal interior, al resentimiento y al dolor que albergan en nosotros, al mal que nos contamina y nos enferma, que nos erosiona desde dentro y que acaba destrozándonos, si no lo combatimos con la fuerza del bien.

En Marcos 7: 20, 21a, Jesús aclara que el mal se origina en nuestro corazón: “lo que realmente contamina al hombre es lo que sale de él. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas”.

De hecho, a pesar de las ofensas o perjuicios que suframos, reaccionar con enfado, rencor y venganza no reparará el daño recibido, solamente nos hará “encadenar por la maldad”, condenándonos a un espiral de rabia y dolor cada vez mayor y reduciéndonos a esclavos de nuestra propia amargura (Hechos 8:23)“porque veo que estás amargado, como la hiel, y encadenado por la maldad; (Juan 8:34) “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es un esclavo.

Jesús dio mucha importancia al hecho de perdonar y evidenció varias veces la extrema gravedad de la falta de perdón a los ojos de Dios:

(Mateo 6:15) si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará a vuestra ofensas, y (Mateo 18: 34,35) “y encolerizado su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.

Por qué es tan relevante el tema del perdón? Porque, como sabemos, el mandamiento principal que Dios nos ha dado es “ama a Dios con todas tus fuerzas y ama a tu próximo como a ti mismo”.

Ya en el Antiguo Testamento encontramos la exigencia del perdón y del amor en Levítico 19: 17,18: “No odies en tu corazón a tu hermano, (...). No te vengarás ni guardarás rencor a tus paisanos. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

En Mateo 5: 44-46,48, Jesús nos exhorta: “Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?(...) Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielo.

En este discurso Jesús deja claro que tenemos que alcanzar un nivel superior de amor y de perdón, capaz de abarcar hasta a nuestros enemigos, el mismo tipo de amor divino que nuestro Padre celestial brinda a todas sus criaturas. La carta de Santiago nos amonesta: Santiago 2:13 “Porque quien no tuvo misericordia será juzgado sin misericordia; la misericordia se siente superior al juicio.

Aquí la palabra “misericordia” bien expresa este tipo de amor, profundo e incondicional, capaz de sentir la desdicha de los demás y ofrecerle ayuda (la misericordia de Dios, cf. Salmo 145 (144): 8,9), y se afirma que la ley de la misericordia es superior a la ley del juicio, ya que Dios es Amor (1 Juan 4:8), su ley se rige por el amor y el amor es el principal mandamiento.

En el anterior capítulo de la carta, Santiago la define “ley perfecta de la libertad” y la vincula con la felicidad del ser humano: (Santiago 1: 25) “en cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo, sino como cumplidor de ella, será feliz practicándola.

Practicar la ley del perdón nos permite vencer al mal que se insinúa en nosotros, nos libra de la esclavitud del pecado que quisiera arrastrarnos en la oscuridad del rencor y del dolor para destruirnos, e ilumina nuestro corazón y nuestros ojos con la alegría y felicidad que solamente Dios puede otorgarnos. (Salmo 19 (18): 9) los preceptos de Yahvé son rectos, alegría interior; el mandato de Yahvé es límpido, ilumina los ojos”.

El apóstol San Pablo, hablando del perdón, lo relaciona con la alegría y la oración: (1 Tesalonicenses 5: 15-17): que nadie devuelva a otro mal por mal; antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad constantemente”.

Oramos entonces constantemente para que nuestro padre, Dios de amor, nos ayude a perdonar y amar a todos: de esta manera estaremos siempre alegres y gozaremos de la profunda paz interior que viene del confiar en el único y verdadero Dios(Salmo 4:8,9) Me has dado más alegría interior que cuando ellos abundan en trigo y en mosto. En paz me acuesto y en seguida me duermo, pues tú solo, Yahvé, me haces vivir tranquilo”.

 

¡HOLA A TOD@S!

 

Me llamo Sonia, vengo de Italia, tengo 46 años y estoy empezando mi camino de vida monástica como postulante en la comunidad del monasterio benedictino S. M. de Carbajal en León.

 

Antes de que Dios me sacara de las tinieblas de una vida sin sentido (trabajo, casa, amig@s, fiestas.... y vacío) he pasado por muchas experiencias, buenas y malas, dando vueltas para arriba y para abajo, navegando a mi manera, intentando no ahogarme en el flujo continuo de la existencia.

 

Lo que no sabía, es que nuestro Padre Celeste nos ha dejado una preciosa GUÍA para vivir de manera PLENA Y FELÍZ y hacer frente a la multitud de situaciones que se nos presentan a diario, una verdadera “lámpara que ilumina todos nuestros pasos” -Salmo 119(118):105-, una fuente inextinguible de sabiduría y una ayuda en todos momentos difíciles: LA BIBLIA.

 

No penséis que la Biblia sea un libro anticuado, todo lo contrario! Dios es el Alfa y el Omega, el principio y el fin de todo, es decir, eterno, y asimismo lo es su Sagrada Palabra: ya veréis como su mensaje es siempre actual y eficaz, os garantizo, mucho más de cualquier manual de auto ayuda escrito por el hombre, pero sobre todo como va transformando vuestra vida si abrís el corazón y dejáis que el Espíritu Santo que la impregna obre en vosotros.

 

En este espacio voy a compartir semanalmente una “píldora reconstituyente” de la Biblia con su aplicación practica en la vida diaria, con la sincera esperanza que la voz de nuestro amoroso Padre, que es puro amor -1 Jn 4:16-, se convierta en la luz que ilumine vuestro sendero, así como inmerecidamente ha alumbrado el mío.

Notas importantes:

-Este espacio no pretende plantear ninguna análisis teológica o filosófica, sino ofrecer pequeñas sencillas recomendaciones basadas en las Escrituras para vivir mejor.

-La Biblia que utilizo es La Biblia de Jerusalén – Nueva edición totalmente revisada 2009.

-La numeración de los Salmos sigue el texto hebreo y, entre paréntesis, la griega (LXX) adoptada por la Liturgia.



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