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Píldora de la semana: Sanar el sentido de culpa

Sanar el sentido de culpa

La semana pasada hablamos del perdón, así que me parece interesante seguir con este tema, pero desde la otra perspectiva: la del “culpable”.

El sentido de culpa es un sentimiento muy complejo e importante porque puede estimularnos a tomar conciencia de nuestras faltas, inducirnos al arrepentimiento y al crecimiento espiritual, o puede transformarse en un asesino silencioso que sutilmente va destrozando nuestro corazón, hasta hacernos enfermar (Salmo 38 (37): 5-7) “Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como peso harto grave para mí; mis llagas son hedor y putridez, todo por mi insensatez; encorvado, totalmente abatido, todo el día camino sombrío”.

Cuando cometemos un fallo, el primer paso es reconocerlo: sí, hemos pecado; quizás sin querer o tal vez empujados por la codicia, la envidia o alguna otra mala inclinación debida a nuestra humana imperfección... no importa la causa, sino el hecho: tomar constancia de la falta cometida (1 Juan 1: 8,9) Si decimos: 'No tenemos pecado', nos engañamos y no hay verdad en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia”.

Segundo paso, sentir un sincero disgusto y contrición por haber pecado, el sentido de culpa es la señal de que nuestra conciencia está despierta y nos avisa de que algo lo hemos hecho mal, y necesitamos pedir perdón (Salmo 38 (37): 18,19) “Y ahora estoy a punto de caer, tengo siempre presente mi pena. Sí, confieso mi culpa, me apena mi pecado.

Tercer paso: si el error que hemos cometido ha perjudicado a alguien o provocado algún daño, antes de todo tenemos que hacer todo cuanto esté en nuestras manos para arreglarlo lo mejor posible, y con humilde consternación buscar la reconciliación con las personas afectadas (Mateo 5: 23,24) “Entonces, si al momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano. Luego vuelves y presentas tu ofrenda.” (Romanos 13:8) con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”.

Finalmente, reparadas las incidencias externas provocadas por nuestra falta y apaciguados con nuestro prójimo, podemos tratar nuestra herida interior. En apariencia debería ser la lógica consecuencia al paso tres, pero en muchos casos nuestra conciencia sigue acusándonos y el sentido de culpa no deja de atormentarnos.

Eso pasa porque nos falta la pacificación con nuestro Padre Creador, con quien tenemos un vínculo indisoluble en el nivel más profundo de nuestro ser. Solamente Él puede sanarnos y renovarnos completamente, limpiarnos definitivamente de la mancha del pecado (Salmo 51 (50): 7,8,9,11,12) “Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre. Y tú amas la verdad en lo íntimo del ser, en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con hisopo hasta quedar limpio, lávame hasta blanquear más que la nieve. Aparta tu vista de mis yerros y borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme”.

Si confesamos a Dios* nuestro pecado, le pedimos perdón con corazón sincero, y demostramos nuestro cambio de conducta, actuando según su Palabra, el nos librará de todo sentido de culpa (Salmo 32 (31): 5) “Reconocí mi pecado y no te oculté mi culpa; me dije: “confesaré a Yahvé mis rebeldías”. Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado”; (1 Juan 3: 18,19,20) “Hijos míos, no amemos de palabra, sólo con la boca, sino con obras y según la verdad. En esto sabremos que somos de la verdad, y tendremos nuestra conciencia tranquila ante él, aunque nuestra conciencia nos condene, pues Dios, que lo sabe todo, está por encima de nuestra conciencia. 

Todos somos simples seres humanos y con nuestras limitaciones y debilidades fallamos una y otra vez, pero podemos confiar en que nuestro Padre celestial siempre tendrá misericordia de un corazón quebrantado y arrepentido y lo librará del tormento (Salmo 32 (31): 1,2) “¡Dichoso al que perdonan su culpa y queda cubierto su pecado! Dichoso el hombre a quien Yahvé no le imputa delito, y no hay fraude en su interior”; (Salmo 103 (102): 2-4) “Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios. Él, que tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias, rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y ternura”).

 

(* Para los cristianos católicos, la confesión antes Dios se acompaña, siempre cuando posible, a la confesión del pecado hecha al sacerdote).

¡HOLA A TOD@S!

 

Me llamo Sonia, vengo de Italia, tengo 46 años y estoy  empezando mi camino de vida monástica como postulante en la comunidad del monasterio benedictino S. M. de Carbajal en León. 

Antes de que Dios me sacara de las tinieblas de una vida sin sentido (trabajo, casa, amig@s, fiestas.... y vacío) he pasado por muchas experiencias, buenas y malas, dando vueltas para arriba y para abajo, navegando a mi manera, intentando no ahogarme en el flujo continuo de la existencia. 

Lo que no sabía, es que nuestro Padre Celeste nos ha dejado una preciosa GUÍA para vivir de manera PLENA Y FELÍZ y hacer frente a la multitud de situaciones que se nos presentan a diario, una verdadera “lámpara que ilumina todos nuestros pasos” -Salmo 119(118):105-, una fuente inextinguible de sabiduría y una ayuda en todos momentos difíciles: LA BIBLIA. 

No penséis que la Biblia sea un libro anticuado, todo lo contrario! Dios es el Alfa y el Omega, el principio y el fin de todo, es decir, eterno, y asimismo lo es su Sagrada Palabra: ya veréis como su mensaje es siempre actual y eficaz, os garantizo, mucho más de cualquier manual de auto ayuda escrito por el hombre, pero sobre todo como va transformando vuestra vida si abrís el corazón y dejáis que el Espíritu Santo que la impregna obre en vosotros. 

En este espacio voy a compartir semanalmente una “píldora reconstituyente” de la Biblia con su aplicación practica en la vida diaria, con la sincera esperanza que la voz de nuestro amoroso Padre, que es puro amor -1 Jn 4:16-, se convierta en la luz que ilumine vuestro sendero, así como inmerecidamente ha alumbrado el mío.

Notas importantes:

-Este espacio no pretende plantear ninguna análisis teológica o filosófica, sino ofrecer pequeñas sencillas recomendaciones basadas en las Escrituras para vivir mejor.

-La Biblia que utilizo es La Biblia de Jerusalén – Nueva edición totalmente revisada 2009.

-La numeración de los Salmos sigue el texto hebreo y, entre paréntesis, la griega (LXX) adoptada por la Liturgia.



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