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Píldora de la semana: No temas, basta con que tengas fe

No temas; basta con que tengas fe”  

(Marcos 5:36b)

Estas fueron las palabras que Jesús dirigió a Jairo en una trágica circunstancia: el jefe de la sinagoga acababa de recibir la desgarradora noticia de que su hija había muerto. Podemos imaginar los sentimientos de Jairo en ese momento: un dolor abrumador, junto a un miedo aplastante de no volver a ver nunca jamás la persona que más quería al mundo: su propia niña.

Sabemos que Jesús era extremadamente empático y sentía profundo amor y compasión por las personas (Mateo 9:36, Marcos 5:19, 8:2, Juan 11:33,35). Seguramente se tomó muy en serio también el estado de ánimo de Jairo y con estas pocas pero muy reveladoras palabras consiguió disipar su miedo y serenar su corazón: la clara afirmación de que solo con que tuviera FE, habría aniquilado cualquier miedo.

En efecto, la verdadera fe tiene un poder formidable: borra todos nuestro temores y nos llena de esa profunda serenidad del alma que solamente nuestro Padre celestial puede concedernos (Filipenses 4:6,7) No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y LA PAZ DE DIOS, QUE SUPERA TODA INTELIGENCIA, CUSTODIARÁ vuestros CORAZONES y vuestras MENTES en Cristo Jesús”.

No importa cuánto dramático sea el acontecimiento por el que estamos pasando, cuánto intenso el miedo que nos está atravesando; si nos ponemos confiados en las amorosas manos de nuestro Creador , Él cuida de nosotros (Salmo 56(55):4) El día en que temo, en ti confío”; (1 Pedro 5:7) confiadle todas vuestras preocupaciones, pues ÉL CUIDA DE VOSOTROS; (Salmo 34(33):5) Consulté a Yahvé y me respondió: me libró de todos mis temores.

En toda la Sagrada Escritura, muy a menudo Dios nos tranquiliza con las palabras no temas”, para recordarnos que Él es el Dios Vivo para siempre y por siempre presente a nuestro lado, así como a lo largo de la historia ha velado constantemente por su pueblo y por todos los que se han encomendado a Él. (Deuteronomio 4:30,31a) Cuando estés angustiado y te alcancen todas estas palabras, al fin de los tiempos, te volverás a Yahvé tu Dios y escucharás su voz; porqué Yahvé tu Dios es un Dios misericordioso: no te abandonará ni te aniquilará”, (Isaías 41:13) Porqué yo, Yahvé tu Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: 'No temas, porque yo soy quien te ayuda'”. (Apocalipsis 1:17b,18) No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive. Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades”.

Si nos fijamos en los Evangelios, notamos como Jesús frecuentemente serena a sus discípulos con estas mismas palabras, y como relaciona el surgir del miedo con la carencia de fe: en una ocasión, se asustaron al verlo caminar sobre el mar (Mateo 14:23-26), ¡Tranquilos!, soy yo. No temáis! les tranquiliza Jesús; y Pedro se lanzó con fe a su encuentro: Señor, si eres tú, mándame a ir hacia ti sobre las aguas” “¡Ven!” le contestó Jesús. Pero al sentir la violencia del viento, le entró MIEDO” y comenzó a hundirse.

En ese instante, el miedo se apoderó de Pedro (imaginamos la violencia de una tormenta marina durante la noche), la situación a su alrededor era tan aterradora que, sobrecogido por el pánico, desconfió de Jesús y se dio por perdido, y entonces, debido a su falta de fe, empezó efectivamente a ahogarse.

En las pruebas de la vida, a todos nosotros puede pasar algo parecido: como Pedro, somos humanos, herederos del pecado, y en los momentos más difíciles y perturbadores nuestra debilidad puede superarnos, perdemos la fe, nos asustamos y caemos.

¿Pero que pasa luego? Seguimos con la narración: como comenzara a hundirse, gritó: '¡Señor, sálvame!' Jesús tendió al punto la mano, lo agarró y le dijo: 'Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

Qué hace Pedro cuando se da cuenta de que ha faltado de fe y se está hundiendo? Inmediatamente vuelve a invocar al Señor, y con renovada confianza, pide su ayuda para que lo salve, para que lo saque de las aguas turbulentas y lo traiga a sí otra vez.

Y Jesús, en seguida, le tiende la mano y lo agarra, y solamente cuando ya está a salvo, lo amonesta apaciblemente por haber dudado.

De aquí traemos una importante enseñanza: el Señor nunca deja de vigilar por nosotros, siempre está dispuesto a tendernos la mano, sacarnos de nuestros embrollos y recogernos entre sus brazos, a pesar de nuestros fallos, con solo que nos arrepintamos con corazón sincero y con total confianza volvamos a invocar su auxilio: “Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban los torrentes destructores, los lazos del Seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la muerte. En mi angustia grité a Yahvé, pedí socorro a mi Dios; desde su templo escuchó mi voz, resonó mi socorro en sus oídos. Lanzó su mano de lo alto y me agarró para sacarme de las aguas caudalosas; me sacó a campo abierto, me quería y me salvó” (Salmo 18(17):5-7,17,20).

Cuando el miedo nos abrume, es precisamente el momento de no ceder, sino de reaccionar a igual de Pedro: sin hesitar, pedir ayuda a nuestro Dios y Salvador invoqué el nombre de Yahvé: ¡Socorro, Yahvé, sálvame! Estaba yo postrado y me salvó”(Salmo 116:4,6b), con la misma ardiente certeza del salmista, que declara: Pues yo confío en tu amor, en tu salvación goza mi corazón. ¡A Yahvé cantaré por el bien que me ha hecho, tañeré en honor de Yahvé, el Altísimo!” (Salmo 13(12):6)

Pues entonces, repetimos constantemente en nuestro corazón las confortables palabras de Jesús: No temas; basta con que tengas fe”, porque sólido es su amor hacia nosotros, la lealtad de Yahvé dura para siempre” (Salmo 117(116):2) y con sus plumas te protege, bajo sus alas hallas refugio: escudo y armadura es su fidelidad”(Salmo 91(90):4).

Con esta certeza, procuremos también confortar a nuestro prójimo, familiares, amigos, vecinos: aunque estemos confinados en casa, una simple llamada o un mensaje de aliento y de consuelo pueden ser muy beneficiosos, como afirma la Biblia en Proverbios 12:18b: “la lengua de los sabios es medicina” y en Efesios 4:29: No digáis palabras que puedan herir, sino las que sean oportunas para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen”.

Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos” (Gálatas 6:10a). Un abrazo y feliz Semana Santa.

 

¡HOLA A TOD@S!

 

Me llamo Sonia, vengo de Italia, tengo 46 años y estoy  empezando mi camino de vida monástica como postulante en la comunidad del monasterio benedictino S. M. de Carbajal en León. 

Antes de que Dios me sacara de las tinieblas de una vida sin sentido (trabajo, casa, amig@s, fiestas.... y vacío) he pasado por muchas experiencias, buenas y malas, dando vueltas para arriba y para abajo, navegando a mi manera, intentando no ahogarme en el flujo continuo de la existencia. 

Lo que no sabía, es que nuestro Padre Celeste nos ha dejado una preciosa GUÍA para vivir de manera PLENA Y FELÍZ y hacer frente a la multitud de situaciones que se nos presentan a diario, una verdadera “lámpara que ilumina todos nuestros pasos” -Salmo 119(118):105-, una fuente inextinguible de sabiduría y una ayuda en todos momentos difíciles: LA BIBLIA. 

No penséis que la Biblia sea un libro anticuado, todo lo contrario! Dios es el Alfa y el Omega, el principio y el fin de todo, es decir, eterno, y asimismo lo es su Sagrada Palabra: ya veréis como su mensaje es siempre actual y eficaz, os garantizo, mucho más de cualquier manual de auto ayuda escrito por el hombre, pero sobre todo como va transformando vuestra vida si abrís el corazón y dejáis que el Espíritu Santo que la impregna obre en vosotros. 

En este espacio voy a compartir semanalmente una “píldora reconstituyente” de la Biblia con su aplicación practica en la vida diaria, con la sincera esperanza que la voz de nuestro amoroso Padre, que es puro amor -1 Jn 4:16-, se convierta en la luz que ilumine vuestro sendero, así como inmerecidamente ha alumbrado el mío.

Notas importantes:

-Este espacio no pretende plantear ninguna análisis teológica o filosófica, sino ofrecer pequeñas sencillas recomendaciones basadas en las Escrituras para vivir mejor.

-La Biblia que utilizo es La Biblia de Jerusalén – Nueva edición totalmente revisada 2009.

-La numeración de los Salmos sigue el texto hebreo y, entre paréntesis, la griega (LXX) adoptada por la Liturgia.



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