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Píldora de la semana: Mirad las aves del cielo

"Mirad las aves del cielo” 

Entre las maravillas de la creación me encantan las aves, y siempre me regocijo escuchando su canto hermoso y admirando su elegante belleza.

Observar esta preciosa expresión del amor de Dios nos permite reflexionar sobre su amorosa y sabia forma de obrar 

(Salmo 145(144):9) Bueno es Yahvé para con todos, tierno con todas sus creaturas” 

(Salmo 104(103):24) ¡Cuán numerosas tus obras, Yahvé! Todas las hiciste con sabiduría, de tus creaturas se llena la tierra”.

 

Verdaderamente, toda la obra del Creador en su totalidad es un mecanismo de armoniosa perfección e incomparable hermosura de la que tenemos mucho que aprender. En la naturaleza no existe preocupación o estrés, porque todo está en las poderosas y cuidadosas manos del Padre celestial 

(Salmo 104(103):27-30) Todos ellos esperan de ti que les des su comida a su tiempo; se la das y ellos la toman, abres tu mano y se sacian de bienes. Si escondes tu rostro, desparecen, les retiras tu soplo y expiran, y retornan al polvo que son. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la faz de la tierra”.

Estar inmersos en la naturaleza nos llena de paz y serenidad.

 

Sin embargo, la sociedad humana de los países “ricos” se ve hoy muy afectada por el estrés y otras enfermedades causadas por un estilo de vida demasiado apresurado, un ritmo de vida antinatural dictado por el dios del consumismo y del materialismo, que está erosionando los recursos de nuestro planeta, aniquilando miles y miles de seres vivientes, incluso otros seres humanos, y comprometiendo el equilibrio de todo el ecosistema.

 

En la era de la apariencia, del desenfrenado individualismo y del bienestar a toda costa, nos han convencido de que para vivir bien necesitamos de muchas cosas materiales y así acabamos gastándonos la vida en el trabajo para conseguir más dinero para comprar bienes y servicios que no disfrutamos porque nos faltan el tiempo o las fuerzas o que no nos ofrecen el beneficio esperado y, menos aún, la ilusoria felicidad que prometían. Y mientras tanto, la vida pasa rápidamente y perdemos de vista lo que es realmente importante y que hemos dejado atrás, la fuente de la verdadera dicha: el amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo (cfr. Marcos 12:29-31).

 

Para la supervivencia del medio ambiente y de la misma humanidad y para nuestro personal beneficio, escuchemos la preciosa enseñanza de Jesús que, tomando como ejemplo la creación, nos invita a discernir lo más esencial en nuestra existencia. 

 

Del Evangelio de Mateo, 6:25-34:

No andéis preocupados por vuestra vida, pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, discurriendo con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, pero vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en todo su esplendor, se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?, pues por todas esas cosas se afanan los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo.”

 

Jesús nos invita a mantener un punto de vista equilibrado sobre los bienes materiales, a establecer lo que es prioritario (la vida vale más que el alimento, el cuerpo vale más que el vestido), confiando siempre en la ayuda de nuestro Padre celestial (cfr. Mateo 7:7-11) y a no afanarnos por lo innecesario.

Efectivamente, el hecho de andar preocupados no añade ni siquiera un solo día a nuestra vida, más bien nos quita la salud y la alegría.

Entonces es bueno tomar ejemplo de la naturaleza, observando cómo nuestro Creador cuida amorosamente de ella y recordando que a Sus ojos nosotros valemos mucho más que cualquier otro ser viviente.

Cumplamos con nuestro deber cotidiano para satisfacer las necesidades básicas nuestras y de nuestra familia, aprendiendo a contentarnos y a disfrutar con lo que tenemos. Discernamos si quizás tenemos más de lo necesario (que podríamos compartir con los indigentes) o si nos estamos esforzando excesivamente por las cosas materiales, por ejemplo echando horas extra en el trabajo y quitando tiempo precioso de la relación con nuestros seres queridos y con Dios.

Jesús orientó en este sentido a Marta 

(Lucas 10:39-42) Tenía esta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude. Le respondió el Señor: Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada”.

 

A igual que María, elijamos “la mejor parte”, porque “la sola cosa” que necesitamos para darle verdadero sentido a nuestra existencia es “buscar primero el Reino de Dios” que es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17) y su valor excede el de cualquier tesoro terrenal: 

También es semejante al Reino de los Cielos al caso de un mercader que anda buscando perlas finas. Cuando encuentra una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra” (Mateo 13:45,46).

Buscar primero la verdadera “perla de gran valor”, el Reino de Dios, implica poner en primer lugar la relación con nuestro Creador, hablando con Él a través de la oración, escuchando su Palabra mediante la lectura y meditación de la Biblia y seguir el ejemplo que Jesús nos ha dado, haciendo nuestras sus enseñanzas y poniéndolas en práctica en nuestra vida diaria.

 

Si vivimos según la Palabra de Dios, aprenderemos a valorar lo que es realmente importante 

(Colosenses 3:1,2) Así, pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra” 

(Salmo 73(72):25,26) ¿A quién tengo yo en el cielo? Estando contigo no hallo gusto en la tierra. Aunque se consuman mi cuerpo y mi mente, tú eres mi roca, mi lote, Dios por siempre” 

a establecer una escala de prioridades que nos permita disfrutar cada instante de la vida actual mientras esperamos la vida eterna (cfr. Juan 17:3) administrar sabiamente nuestro tiempo en lugar de agobiarnos corriendo detrás de falsas ilusiones, con la confiada certeza de que Dios conoce nuestras necesidades y nunca nos abandona en la dificultad 

(Salmo 145(144):15-18) Los ojos de todos te miran esperando; tú le das a su tiempo el alimento. Tú abres la mano y sacias de bienes a todo viviente. Yahvé es justo cuando actúa, amoroso en todas sus obras. Cerca está Yahvé de los que lo invocan, de todos los que lo invocan con sinceridad” 

(Salmo 36(35):7b-10) Tú proteges a hombres y animales, ¡qué admirable es tu amor, oh Dios! Por eso los seres humanos se cobijan a la sombra de tus alas; se sacian con las provisiones de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas; pues en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz”.

Notas importantes:

  • Este espacio no pretende plantear ninguna análisis teológica o filosófica, sino ofrecer pequeñas sencillas recomendaciones basadas en las Escrituras para vivir mejor.
  • La Biblia que utilizo es La Biblia de Jerusalén – Nueva edición totalmente revisada 2009.
  • La numeración de los Salmos sigue el texto hebreo y, entre paréntesis, la griega (LXX) adoptada por la Liturgia.



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Me llamo Sonia, vengo de Italia, tengo 46 años y estoy  empezando mi camino de vida monástica como postulante en la comunidad del monasterio benedictino S. M. de Carbajal en León... 

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