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Píldora de la semana: ¡Estad alegres!

¡Estad alegres!

 

Hace poco, en nuestro monasterio dedicamos una semana a la alegría (ver AQUÍ el vídeo).

 

La alegría no es esa emoción efímera y superficial que a veces nos atraviesa como una chispa pero rápidamente pasa y no deja rastro, sino una profunda dicha que siempre nos acompaña al reconocernos hijos de un Dios amoroso y al vivir confiando en Él cada instante, alentados por la segura esperanza de Su salvación (véase también “La búsqueda de la felicidad”).

(Salmo 98(97):3b,4)

Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.

¡Aclama a Yahvé, tierra entera, gritad alegres, gozosos, cantad!”

(Salmo 68(67):4)

Los justos se alegran alborozados ante Dios, y saltan de alegría.”

 

Nuestro Padre amoroso es un Dios alegre y la verdadera alegría es un fruto de Su Espíritu.

(1 Crónicas 16:23,27)

Cantad a Yahvé toda la tierra, anunciad su salvación día tras día.

Gloria y majestad están ante él, fortaleza y alegría en su Morada.”

(Salmo 43:4)

Llegaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría. Te alabaré gozoso con la cítara, oh Dios, Dios mío.”

(Nehemías 8:10b)

No estéis tristes: la alegría de Yahvé es vuestra fortaleza.”

(Gálatas 5:22)

Los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz...”

(Romanos 15:13)

Que el Dios de la esperanza os colme del gozo y la paz que da la fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.”

 

La Palabra de Dios en su totalidad es un himno y una exhortación a la alegría.

(Jeremías 15:16)

Cuando tus palabras me llegaban, yo las devoraba; era tu palabra para mí gozo y alegría del corazón.”

 

Desde la fundación del universo, descrita en el libro de la Génesis, toda la creación refleja la alegría de su Creador, que “vio cuanto había hecho, y todo estaba muy bien” (Génesis 1:31a).

Las maravillas de la naturaleza que nos rodean nunca dejan de alabar jubilosas al Señor y de asombrarnos con su hermosura.

(1 Crónicas 16:31a,32,33)

¡Alégrense los cielos, goce la tierra!¡Retumbe el mar y cuanto encierra!¡Exulte el campo y cuanto hay en él! Griten de júbilo los árboles de los bosques ante Yahvé."

(Salmo 100(99):2)

¡Aclama a Yahvé, tierra entera, servid a Yahvé con alegría, llegaos a él con júbilo!”

(Salmo 65(64):13,14)

Destilan los pastos del páramo, las colinas se adornan de alegría; las praderas se revisten de rebaños y los valles se cubren de trigales entre gritos de júbilo y canciones”

(Eclesiástico 42:25)

Una cosa confirma la excelencia de otra, ¿quién puede cansarse de contemplar su gloria?”

 

Al final de los tiempos, el proyecto de Dios llegará a su cumplimiento definitivo, reconciliando en Cristo todas las cosas, celestes y terrestres (cfr. Efesios 1:3-14; Colosenses 1:13-20), y la humanidad gozará de alegría perpetua en unión eterna con su Padre Creador.

(Apocalipsis 21:3,4)

Esta es la morada de Dios, que compartirá con los hombres. Pondrá su morada entre ellos. Ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos, y no habrá ya muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo habrá pasado.”

(Isaías 35:10)

Los redimidos de Yahvé volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones: precedidos por alegría eterna, seguidos de regocijo y alegría. ¡Adiós, penas y suspiros!”

 

Además de la alegría que nos transmiten la creación y el mensaje de la salvación divina, en la Sagrada Escritura encontramos varios ejemplos de personas rebosantes de la alegría del Señor.

Personalmente me gusta mucho la historia de Tobit, padre de Tobías, que a pesar de todas las vicisitudes que tuvo que enfrentar, siempre mantuvo una alegría encomiable basada en una profunda confianza en Dios (Vid. Libro de Tobías).

 

Jesús es la expresión más grande de la alegría del Padre, y así la quiso transmitir a sus discípulos (y a nosotros) hasta los últimos momentos de su vida en la tierra:

(Juan 16:22,24)

Vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y os llenaréis de alegría, y nadie os la podrá quitar.

Hasta ahora nada habéis pedido (al Padre) en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que sea perfecto vuestro gozo.”

(Juan 17:13)

Ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos la perfecta alegría que yo tengo.”

 

Nuestro Padre Celestial quiere la alegría para sus hijos, para que tengamos una vida sana y larga ahora y gocemos luego de la vida eterna que nos ha prometido:

(Eclesiástico 30:22)

La alegría del corazón es vida para el hombre, y la felicidad le alarga los días.”

(Salmo 92(91):2,5,6)

Es bueno dar gracias a Yahvé, cantar en tu honor, Altísimo, pues con tus hechos, Yahvé, me alegras, antes las obras de tus manos grito: ¡Qué grandes son tus obras, Yahvé, y qué hondos tus pensamientos!”

(2 Corintios 9:7b)

Dios ama al que da con alegría”

(1 Juan 2:17)

El mundo y sus concupiscencias pasan; pero quien cumple la voluntad de Dios vivirá para siempre.”

(Isaías 12:2,3)

Éste es Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo; Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.

Sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación.”

 

Por tanto, escuchemos y pongamos en práctica las exhortaciones que Dios nos dirige a través del Apóstol San Pablo:

(Filipenses 4:4)

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.”

(2 Corintios 13:11)

Hermanos, vivid con alegría. Buscad la perfección y animaos. Tened un mismo sentir y vivid en paz, y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.”

(1 Tesalonicenses 5:16-18)

Estad siempre alegres. Orad constantemente. Dad gracias por todo, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros.”

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Me llamo Sonia, vengo de Italia, tengo 46 años y estoy  empezando mi camino de vida monástica como postulante en la comunidad del monasterio benedictino S. M. de Carbajal en León... 

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Notas importantes:

  • Este espacio no pretende plantear ninguna análisis teológica o filosófica, sino ofrecer pequeñas sencillas recomendaciones basadas en las Escrituras para vivir mejor.
  • La Biblia que utilizo es La Biblia de Jerusalén – Nueva edición totalmente revisada 2009.
  • La numeración de los Salmos sigue el texto hebreo y, entre paréntesis, la griega (LXX) adoptada por la Liturgia.




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