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HOMBRE, IMAGEN DE DIOS

XXIX DOMINGO - A

(Mt 22, 15 - )

 

Nuevo ataque a Jesús para desacreditarle: "¿Está permitido pagar al César su tributo?". 

El tributo era el principal impuesto que habían puesto a toda Judea cuando se constituyó en provincia romana en el año 6 a. C. Este impuesto era rechazado por toda la gente porque no recibía beneficio ninguno.  Lo más grave era que había de ser pagado con monedas de un denario que llevaba la imagen del César y una inscripción que decía: TIEBERIO CÉSAR AUGUSTO, HIJO DEL DIVINO AUGUSTO, SUPREMO SACERDOTE.

Los judíos consideraban esta imagen como  como una idolatría y la inscripción, una blasfemia. Y, así, el pagarlo se transformaba en un asunto religioso. (El denario era de uso común entre los judíos; los zelotas eran los únicos que no lo manejaban).

Los fariseos preguntan a Jesús: ¿Tú estás de acuerdo con la Torá? (Esto es lo que subyace en su pregunta sobre el impuesto). El problema, para Él, era que solo le dejaban responder "sí" o "no". Y en ambos casos saldría mal parado. La moneda, estaba claro, era un referente del César y su poder.

Jesús utiliza una palabra "dad" que, en realidad bien traducida sería "regresad": Si esa moneda es del César, hay que hacer regresar al César lo que es suyo. Pero nosotros llevamos también la imagen de Dios. Pues hay que hacer regresar a Dios lo que es suyo.

¿Qué está queriendo proponernos Jesús? No confundir ni mezclar las dimensiones del ser humano. 1. Que tengamos un movimiento desde nuestra plenitud hacia el mundo; 2. Y no ir hacia las cosas del mundo para buscar en ellas nuestra plenitud.

 

                                           (E.A.)




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