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VIVIR, EN LA TIERRA, EL CIELO

DOMINGO XXXIV - A

 

"... Y pondrá las ovejas a su derecha... y dirá: Venid vosotros... porque tuve hambre y me disteis de comer...

Y luego dirá a los de su izquierda: Apartaos... porque tuve hambre y no me disteis de comer..." (Mt 25,31-46).

 

Se encoge mi alma, Jesús.

Lo que dices no lo entiendo.

Empleas palabras rotundas: 

MARCHA, FUERA..., VETE LEJOS.

 

¿Y qué es de ese tinte dulce

con que otras veces te vemos?

- El hijo que vuelve a casa

  cubren su rostro de besos.

- La mujer, culpada por muchos

  tú la levantas

  y toma un camino nuevo.

- Noventa y nueve ovejas recoges

  y vas por una perdida

  que, a tus hombros, subes luego..

 

Por favor, dime algo:

yo, cabrita me veo;

pero también, a gusto a tu lado.

 

     El hombre expresa su mente

     con los medios de su tiempo.

     Años ha, se entendía

     el bien y el mal

     como causa de algo eterno.

     Y así lo reflejaban:

     las ovejas que hacen bien

     esas tienen ya el premio.

     ¿Los cabritos? Al infierno.

     Eso enigmático hoy

     tú misma puedes verlo

     con palabras distintas

     y diversos pensamientos.

 

Pienso en alto:

Luchamos por conseguir...

lo que sea hasta el extremo.

A veces, sin mirar a nadie.

Lo que importa es tener todo.

¿Esto da sentido a la vida

y valor imperecedero?

 

Eso que ansío hacia mí,

¡si estuviera en mano de todos!

Eso sí sería cielo.

 

     Tú lo has dicho:

     el progreso veraz está

     en caminar a la par tú

     y, acompañado de ti,

     tu hermanito "pequeño":

     si le quieres y le ayudas,

     si lo acoges, si le das tu tiempo...

     La categoría humana la da

     no el triunfo personal; 

     sino el amor que tú expandes

     al vivir con ilusión tu crecimiento.

     "Misericordia" dicen muchos:

     amar, sonreír, ayudar...

     Eso hace crecer a todos

     y vivir, en la tierra, ya el cielo.

 

                                       (R.M.)

     




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