¿SOY YO EL GUARDIÁN DE MI HERMANO?

DOMINGO XXXIV - A

 

Jesús trata de sorprendernos con su valoración del final de los tiempos. Él separará a la gente en dos grupos. Los bendecidos son los que practicaron las obras de misericordia. Eran conocidas, entre los rabinos, estas seis obras como obras del amor bondadoso. Son obras que salvan de una necesidad concreta a una persona en gran apuro. Y, además, pueden ser practicadas por todos.

A nosotros nos sorprende que, en el juicio final, Jesús no hable de la fe, ni de la oración, ni siquiera de la esperanza. La salvación se recibe por pequeños actos de misericordia; porque estos actos son la única prueba real de que Dios ha estado obrando en una persona.

¡Qué curioso que los de la izquierda no vieran las necesidades de los demás! Esto nos pasa casi siempre. ¿Por qué? Porque estamos encorvados sobre nosotros mismos mirando hacia dentro y no vemos a los demás. Estamos con nuestra enfermedad, con nuestro dolor, con nuestro problema, con nuestra necesidad. Y esperamos que pase todo esto para seguir viviendo y viendo a los demás. Pero esto es un engaño. Siempre  va a haber algo que nos impida salir hacia los demás y vivir. Llenamos la vida de paréntesis; pero esto es un gran engaño porque esperamos tiempos mejores que nunca llegan. Es ahora, en esta situación concreta, cuando tenemos que salir de nosotros mismos hacia los demás. En realidad, en este pasaje, Jesús da una clara respuesta a la pregunta: ¿"Soy yo, acaso, el guardián de mi hermano?". Pues sí, lo eres. Y toda tu eternidad depende de esta respuesta.

 

                                        (E.A.)




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Comentarios: 1
  • #1

    Marisa Argüelles (domingo, 22 noviembre 2020 13:26)

    Sí toda mi eternidad depende de esa pregunta, Señor que vivamos como hermanos ahora ya.