NAVIDAD

Lc 2,1-14

 

Jesús nace en una época de esplendor del Imperio Romano con el emperador Augusto. Y la gran ironía es que la mayoría de la gente recuerda hoy al emperador solo porque Lucas lo menciona en su evangelio al relatar el nacimiento de un niño pobre en un establo.

Jesús nace en un pesebre. Esa es la sorprendente señal para reconocerlo porque es totalmente inusual como cuna de un bebé. Es el gran contraste con las formas de nacer de los personajes famosos. Y ese es, precisamente, el objetivo de Lucas, situar a Jesús desde su nacimiento entre los que él servirá: los pobres, los marginados... Jesús comienza su vida en un pesebre y, además, prestado.

Y siguen las sorpresas. Dios elige unos pastores para recibir el mensaje de la encarnación. No podría haber más distancia entre Augusto y los pastores.

Y la gran noticia es que ha nacido el Salvador, el Mesías, una gran alegría. ¿Cómo encontrarlo? Este es el gran misterio de toda vida humana, también de la nuestra: encontrarse con Jesús. Pero, para eso, hay que vivir como él vivió: no en grandezas humanas, no en la exterioridad, no en los honores, no en los privilegios, sino en la máxima humildad, pobreza, sencillez y abajamiento.

 

                                                 (E.A.)



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