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LA PALABRA SE HIZO CARNE

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD

(Jn 1, 1-18)

 

Jesús, eres la Palabra,

y te hiciste carne en nuestro tiempo.

Y ¿qué?, yo me pregunto.

¿Qué gano yo con todo eso? 


Ya sé: lo gano todo. 

Me va la vida en ello. 


La palabra brota de la mente,

mas no solo.

Si no es hueca o está vacía,

si surge desde dentro,

va cargada de emociones

y es principio de la acción:

es movimiento.

 

Dios no es mudo.

No ha quedado cerrado en su misterio.

Se ha encarnado

en la vida entrañable de Jesús

para que todos podamos entenderlo.

Ha querido hablarnos, decirnos de su amor,

explicarnos su proyecto.

No lo ha hecho con doctrinas:

los doctos solamente captarían los conceptos.

 

Tú eres, Jesús, esa Palabra;

por ti podemos conocer sus sentimientos:

miras al que sufre,

al pobre das aliento;

al que se extravía sales a buscar,

te rodeas de niños, los bendices;

las mujeres te ayudan con sus bienes;

a todos das tu tiempo.


¿Así es Dios? ¿Cómo tú lo fuiste?

Es bueno saberlo.

Si de él venimos, puro amor,

y a él volvemos,

¿qué nos queda?

Seguirte a ti, Jesús,

HOMBRE libre y VERDADERO. 

 

                                            (R.M.)

 


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