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JESÚS, EN LA SINAGOGA DE CAFARNAÚM

DOMINGO IV - CICLO B

 

Empieza Jesús a evangelizar en Cafarnaúm. Entra en la Sinagoga y se atreve a hablar aunque no es de los más listos y prestigiosos. Causa asombro porque habla de cosas nacidas de él mismo, de su experiencia; y, por tanto, tienen mucha fuerza. No es importante, quizás, lo que dice, sino que su palabra manifiesta y revela a Dios. 

En la Sinagoga, se nos dice, hay un hombre con un espíritu inmundo. La traducción más exacta sería decir: había un hombre en un espíritu inmundo; es decir, que el hombre está completamente inmerso en ese espíritu inmundo abrumado por él. Hay una fusión completa entre ambos.

El espíritu inmundo llama a Jesús por su nombre para poder dominarlo y le quiere entretener con una pregunta: ¿Has venido a destruirnos? Jesús no se detiene a responderle  ni a explicarle su proyecto. Simplemente usa una palabra con poder.  Y le dice: "Enmudece"; más exactamente, "quédate amordazado"

También nosotros podemos actuar así con el mal, taparle la boca.

Luego le da una orden de salida y, por el poder de su mandato, el espíritu sale.

No nos dice nada Marcos del destino final ni del hombre ni del espíritu. ¿Por qué? Porque el espíritu es derrotado y el hombre es salvado.

Jesús ha cumplido su misión: es el Salvador del hombre.

 

 

                                                      (E.A.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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