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PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

 

Evangelio: Lc 2, 22 - 40

 

José y María van al templo para cumplir las leyes que era un recordatorio de que toda la vida del hombre es sagrada. Hacían una constante referencia a Dios.

Llegan al templo y ahí hay un hombre movido por el Espíritu Santo. Ha pasado toda su vida esperando el consuelo de Israel.  Seguramente que en su vida tuvo bajones, pero perseveró. ¡Qué grandioso, Simeón!, pero ¿por qué? Porque no miraba hacia atrás, hacia un pasado glorioso; sino hacia delante.  Es un anciano, ya jubilado... Sí, un anciano. Pero ¡qué anciano! Habla  a todos del futuro. Toma a la pareja joven y les lanza  hacia el futuro de un nuevo día. Por eso, ahora puede morir en paz. 

Ahí está también María. Le dicen algo extraordinario: es la madre del Mesías. Pero eso no significa una vida fácil,

Todo finaliza cuando la familia regresa a Nazaret donde un niño, un tanto especial, va a crecer acompañado por la gracia de Dios.

Y a nosotros, ¿qué nos dice?

- Como Simeón, empujar hacia el futuro.

- Como María, seguir adelante.

- Como Jesús, crecer hacia el Padre.

 

 

 

                                                        (E.A.)

 

 

 

 

 

 


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