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JESÚS TOMA LA MANO...

DOMINGO V - CICLO B

Marcos 1, 29 - 39

 

¡Qué actividad tan grande la de Jesús! Tiene reuniones constantes con las multitudes,  con los apóstoles, realiza milagros, está en oración... Se encuentra un poco desbordado. Y es lógico. Está iniciándose en el camino y tiene que reenfocar las cosas. Quiere que entiendan los demás la novedad de su mensaje. Y ¡cómo no!, cura a la suegra de su gran amigo, Pedro.

Pero, ¿cómo la cura? ¿Va a comprar yogures con bifidus para mejorarle las defensas? No. ¿Se sienta a hacerle una receta para que tome colágeno y magnesio y se le refuercen los huesos? No.

¿Qué hace? Hace un gesto prohibido para los israelitas: toma la mano a una mujer. Y este gesto la cura porque es portador de salvación. 

¿Y nosotros? Muy diferentes. ¡Qué pocos gestos de cercanía, de cariño! Casi parece que los tenemos autoprohibidos, tenemos miedo a contagiarnos, en el amplio sentido de la palabra, a expresarnos. Pero, ¡qué sanadora es la cercanía, el abrazo humano! Mas también, escasea.

Luego Jesús se va a orar al desierto. Todos pensamos que se va a descansar un poco. No es esto lo que quiere decir Marcos. Para empezar, en los alrededores de Cafafrnaúm no hay desiertos. Jesús se va a un lugar espiritual, es decir, a una relación, que es donde él encuentra la fuerza para cumplir su misión. Esto no le aleja de la actividad. Es la relación con su Padre.

¿Qué podemos aprender como buena noticia de esto? Aprender a ser personas sanas y sanadoras, con gestos de cercanía y expresión del amor. Y no ser personas tóxicas que, con sus palabras y acciones negativas, intoxican, destruyen y causan daño a los de alrededor.

 

                                                    (E.A.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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