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DIOS ME ES INDISPENSABLE

VIERNES SANTO

 

¿Cree usted en Dios? ¿Cree en Dios, en Dios, en Dios? ¿Cree usted en Dios? Le pregunta Rogochin al príncipe Mishkin con vehemencia en la novela El idiota de Dostoyevsky. Él se queda pensando y después de un rato pensando y luego responde: No creo ahora, pero creeré. Y verdaderamente relata luego cómo empezó a creer. Fue a raíz del encuentro del príncipe Mishkin con una campesina muy joven que llevaba en brazos a un niño de muy pocas semanas. Miró al niño y se santiguó con mucha devoción. Mishkin le preguntó por qué hacía eso. Ella respondió: Porque mi niño acaba de sonreírme por primera vez; y mi alegría es tan grande como la de Dios cuando mira a sus hijos.

Pues sí, para Dostoyevsky creer en Dios es vivir en la confianza del amor del Padre más allá de la debilidad y carencia de nuestra condición: vivir alejados de esa imagen de hijo abandonado en manos de la muerte. Y entonces, relata él, aparece una cálida luminosidad que avanza sobre la fría oscuridad del pecado y de la muerte generando la esperanza en el triunfo de la vida. Pues esa cálida luminosidad es el amor de Cristo en la cruz ofrecido a toda la humanidad.

Por eso podemos contestar con el príncipe MIshkin: Sí, creemos en Dios porque sabemos que, en Jesús, el Padre nunca nos abandona, que siempre estará su mirada de amor sosteniendo nuestra vida.

Y esta revelación del amor en Cristo nos despierta a una nueva existencia que toma rápidamente una nueva dirección de salida. ¿Hacia dónde? Hacia el prójimo concreto representante del mundo entero.

Finalmente el príncipe dice con sollozo: Dios me es indispensable porque es el único ser capaz de amarme siempre y no abandonarme a la muerte.

 

                                                   (E.A.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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