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JESÚS VIVE

Jesús murió y fue enterrado. Está completamente solo y todos saben que ha muerto. Nadie espera ya nada de él ni de su mensaje.

Pero aparece algo extraño en cuanto amanece: Jesús resucita por el poder de su Padre y ésta es la doctrina clave del cristiano: proclamar que Jesús vive. Es la prueba tangible de que existe una vida tras la muerte y de que el Padre ha aceptado su sacrificio. Como él murió por nosotros, nosotros estamos libres del pecado y de la muerte.

Cuando alguien nos pregunte: ¿qué pasa con tus pecados? Le podemos decir: Jesús murió por ellos y mis pecados me los han quitado. Y si nos dice: ¿qué  garantía tienes de que ha sido pagada toda tu deuda? Podemos decir que Jesús vive y su vida es la garantía de mi salvación. Él venció a la muerte y al pecado y yo también porque estoy unido a él. Nosotros no decimos "somos salvados si cumplimos la ley haciéndolo todo bien". No. Nosotros decimos: Jesucristo tomó sobre sí mi pecado y mi muerte. Él soportó las consecuencias en la cruz de forma que murió y, como murió por mí, yo estoy libre de todo juicio.

Lo que más molesta es Pablo que nos dice: "Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos". Pero pensamos: nosotros no olvidamos que Jesús resucitó. ¿Estamos seguros de que no olvidamos la resurrección?

 

Entonces ¿por qué sufres tanto? ¿por qué estás triste? ¿por qué te angustias? ¿por qué ese terror a la muerte, a la enfermedad, al envejecimiento...? ¿por qué no tienes esa alegría que te lanza al hermano a hacerle feliz?

Tu gozo está encerrado como un muerto. También tu esperanza, como un féretro. 

Sal de ahí porque ahí no está Jesucristo. Cógete con fuerza la esperanza en la resurrección, acuérdate de su poder. Permite a la energía divina manifestarse en tu vida irradiando hacia fuera, hacia dentro y hacia delante.

 

                                               (E.A.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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