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EL BUEN PASTOR

DOMINGO IV DE PASCUA

 

"...Yo soy el buen Pastor..." (Jn 10,11-18).

 

Es raro que Jesús se presente como el Buen Pastor. 

En su tiempo, los pastores eran todo menos buenos. Vivían  como nómadas pastando sus ovejas en tierras ajenas; eran beduinos que mentían, hacían trampas y robaban y, sobre todo, no eran religiosos.

Esta comparación nos habla de un Jesús identificado, una vez más, con lo peor de la sociedad. No con la aristocracia, no con el poder, sino con los pecadores. Es un Jesús humilde.

¡Qué buena noticia! para ti y para mí. Jesús da su vida por nosotros. No es un amigo de los buenos tiempos que en los momentos difíciles no se le encuentra por ningún lado.

Pero tenemos que oír que pronuncia nuestro nombre. Eso es difícil. ¿Por qué? Porque todos tenemos un problema: no hemos hecho un cursillo online sobre la obediencia que es necesaria para distinguir la voz de Jesús. Solo la obediencia es capaz de abrir los oídos para escucharle y seguirle.

Cada pastor llamaba a sus ovejas ya que varios pastores, al menos cuatro, compartían un mismo rebaño. Solo algunas ovejas obedientes se separaban del gran rebaño para seguir a su pastor.

   ¿Qué te pasa? ¿No me oyes?  Te hablo alto y, además, en tu idioma.

   Es que, cuando me hablas, hay interferencias; aparece otra voz, mi propia voz. Y por eso no te oigo. 

  Pues está fácil: baja un poco el volumen de tu voz.

 

 

 

                                                        (E.A.)


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