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Y AHORA, ¿QUÉ?

NUESTRA TAREA

 

El Señor quiere encontrarse con los ONCE porque tiene que vencer su incredulidad y obstinación.

Ya podían hacerlo mejor y tener un poco más de fe. Siguen igual que siempre. Tienen que tener pruebas de todo para creer.

Pero, así y todo, les voy a encomendar una misión. No lo digo como una sugerencia; es un mandato: Id por todo el mundo predicando el evangelio.

Y es un mandato que tienen que obedecer. Ya sé que es una tarea pesada, molesta, impopular para ellos. Y les gustaría más quedarse en casa tranquilos. Por eso les doy poder para vencer toda clase de peligros y contratiempos. Pero el primer poder que les doy el de ganarse a sí mismos para la misión.

La clave de todo está en que no hagan este trabajo de forma fría, rutinaria, como un deber; sino que sea la expresión de un amor por mí y por sus hermanos.

Están todo el día dando vueltas sobre sí mismos, mirando la fragilidad de la vasija de barro. Pero no se trata de mirarse, sino de romperse. Tienen que romperse para que, de ese vaso roto, salga mi poder sanador y salvador para todo el que cree en mí.

 

                                   (E.A.)                                                                                                    


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