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... ESTABA CON ELLOS...

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,19-23).

 

Encontramos a los discípulos escondiéndose. Fácilmente podemos ver la semejanza con nuestra situación, muchas veces cerrada en nosotros mismos. En ambos casos, hay temor por nuestra propia vida porque falta el encuentro con Jesús resucitado.

De pronto Jesús se hace presente. Juan no usa la palabra "apareció", sino que nos dice que Jesús se hace presente en medio de ellos. Y lo hace de forma misteriosa y sorprendente. ¿Cómo lo ha hecho?

Juan deja constancia de que Jesús ya estaba presente  vivo y resucitado en la comunidad. Sí, estaba ya antes. Pero su miedo les impedía verlo. Cuando se dan cuenta de esta presencia, empiezan a recibir los regalos de Jesús.

1. La alegría, que sustituye al miedo.

2. La paz como plenitud de una vida que ya está abierta al futuro con confianza.

3. Les comparte su misión como quien tiene unos buenos amigos.

4. El Espíritu Santo como fuerza para esa misión.

5. El perdón de sus pecados; es decir, la sanación de su ser interior.

¡Qué cantidad de regalos nos da Jesús resucitado!

¿Y nosotros cómo podemos corresponder?

 

                                (E.A.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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