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JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Jesús está con sus discípulos celebrando la Cena Pascual y toma el pan y el vino. Pero, de forma sorprendente, no da la explicación actual para estos alimentos, sino que los interpreta en referencia a sí mismo. Ahora van a representar su sacrificio en la cruz: "Este es mi cuerpo; esta es mi sangre", resonó de pronto en la sala. Debió tener un efecto asombroso.

Y lo que les mandó fue comer y beber queriendo hacerles ver que, para ellos, eso era algo absolutamente vital. Sin la comida y la bebida, morimos. Sin Jesús, también morimos.

Y, al comer este pan y al beber este cáliz, debemos recordar que Jesús murió por nosotros, por nuestra salvación. Y no nos invita a actualizar su nacimiento, ni su vida, ni sus milagros...; sino su muerte. Se trata de una nueva alianza que ha sido sellada con su sangre. Y esto ¿por qué? Porque Jesús desea tener a toda la humanidad reunida con él en el banquete del Reino.

 

 

                                        (E.A.)


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