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CORPUS CHRISTI

Estamos en el contexto de la Pascua judía que recuerda la liberación de la esclavitud de Egipto. Pero es, ante todo, una fiesta de esperanza. Si el Señor nos libró entonces, también nos librará ahora y nos librará en el futuro.

Cenando con sus discípulos, Jesús da un significado nuevo al pan y al vino: se transforman en su cuerpo y sangre, en su vida entregada en sacrificio por toda la humanidad.

Pero ¿qué dijo Jesús que hicieran con ese pan y ese vino? Comerlo y beberlo. Es decir, asimilarlo como alimento de vida que nos transforma.

Efectivamente, al comulgar, nos convertimos en portadores de la naturaleza divina de Cristo.

Pero cuando el Señor dice "esto es mi cuerpo" sobre el pan y "esta es mi sangre" sobre el vino, toda su energía y poder invaden. Mas no solo esa sustancia, sino al cosmos entero: se carga de una nueva vida y se convierte misteriosamente, pero realmente, en Cristo. Y todo queda habitado con su presencia viva. Y, entonces, tanto en nosotros como en el cosmos, se ponen de manifiesto todas las posibilidades del orden natural creado que están latentes. Por eso el sacrificio de Cristo se mantiene perpetuamente igual que la Eucaristía.

 

 

                                             (E.A.)


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