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CORAZÓN DE JESÚS

SALMO 22

 

Lo que hiere la vida Dios lo sabe.

Me deja en el verdor de su pradera

y, cerca, el hontanar, por si quisiera

reponerme las fuerzas y, así, acabe

 

la ausencia de su amor que ya no cabe

tanta nostalgia en tanta primavera.

¡Que me busque otros pastos!, lo que quiera,

antes que el tiempo del dolor se agrave.

 

Aunque camine por cañada oscura

siento cerca tu lluvia de ternura.

Nada temo si tú marchas conmigo.

 

Tu cayado es la cruz que me sosiega

y, en mi huerto, la muerte ya no siega

pues me pides mi amor, como un mendigo.

 

 

                               (J.L.A.)

 


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