SALMO 41

Como busca la cierva algún torrente

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Ya no tengo ni llanto. Soy un río

que se seca sin ti constantemente.

 

Solo bebo mi sed, ¡mi sed  ferviente!

de acercarme a tu oculto regadío

y dejar este largo escalofrío

de encontrarme en tu orilla como ausente.

 

Por mi alma aletea la frescura

de ese arroyo de amor que se apresura

a saltar por mi cauce estremecido.

 

¡Agua tuya, mi Dios! Ven a mi encuentro

con la fuente en que ocultas tu latido,

afuera busco agua y ¡está dentro!.

 

 

                                 (J.L.A.)


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