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SALMO 114

   Necesito otros ojos para verte,

pues me secaste mi lágrima encendida,

alejaste mis pies de la caída

y apartaste de mí, también, la muerte.

 

   Necesito otra voz para tenerte

cerca, al lado, y hablarte de esta herida

que me has dado, Señor, que está mi vida

que va gimiendo por amanecerte.

 

   Te alabo, mi Señor, porque me escuchaste

y sosiegas mis penas que son muchas,

y acaricias mi espíritu, y tú calma

 

   va oliendo a mies dorada en lejanía.

Eres la fuente donde bebe mi alma

vendada en su dolor de cada día.

 

                                  (J.L.A.)


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Comentarios: 1
  • #1

    Stanley (lunes, 05 julio 2021 01:36)

    Bello