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MONJE, DINOS QUIÉN ERES

El monacato es un fenómeno conocido, desde tiempo inmemorial, en muchas y muy diferentes partes del mundo.

 

En el siglo VI, en Italia, surge un hombre, Benito de Nursia, cuya fiesta celebramos hoy, 11 de julio: San Benito, Patrono de Europa. Escribe una Regla y, en ella, adapta las enseñanzas conocidas hasta entonces a un grupo de principiantes.

Los hermanos, los monjes, llevan una vida sencilla. Sus ocupaciones eran cantar las alabanzas divinas en el oratorio, embeberse de la Palabra de Dios (lectio divina) y trabajar en lo que se les mandase.

 

 Pero, ¿por qué uno desea entrar en el monasterio y ser monje? 

Hay una pregunta universal que alcanza a todo hombre: ¿Dios? La respuesta varía: unos muestran indiferencia, otros niegan su existencia...; otros lo buscan, lo anhelan...

 

El monje es un hombre que implica su vida entera en la búsqueda de Dios. Es un "loco" de Dios que, en un gesto de gratuidad, se entrega totalmente y se une a otros hermanos que comparten el mismo ideal.

El monje, ya en el monasterio, tiene lo que buscaba. Más descubre un "tesoro" y cambia, de algún modo, la tonalidad de toda su vida: encuentra a Jesucristo.

El monje busca a Dios y ahora conoce el CAMINO: Sigue a JESÚS.

 

¿Y cómo sigue el monje a Jesús? Vive con él, vive como él, comparte su misión; y todo, por una llamada que ha vivido en lo más íntimo de su ser: por vocación.

 

En el monje, se va forjando una vida interior que, como fuerza centrífuga, irradia hacia el hermano: el monje quiere estar atento a la ternura de Dios, hacerse más y más a su imagen, hasta convertirse en ternura para los demás.

 

El monje busca a Dios, sigue a Jesucristo. 

No he conocido aventura mejor ni mayor: travesía al INFINITO. 

 

                                          (R.M.)

 


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